Martin Heidegger
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{pág.93 del original}

CAPÍTULO CUARTO

La significatividad en tanto que carácter del toparnos el mundo

 

§21. Análisis de la significatividad
(1ª versión no expuesta en clase)

Intencionadamente sólo hemos indicado modos de toparnos cosas en un modo limitado de ese topárnoslas, pero que casi siempre es inmediato [es decir, que casi siempre es el primero que empieza teniendo lugar]. El como-qué y cómo del topárnoslas vamos a llamarlo significatividad; y ésta, interpretada a su vez como una categoría de ser; significativo significa: ser, ser-ahí en el cómo de un significar, en el cómo de un venirle dado el sentido que tiene, de un haber recibido de antemano el sentido que tiene; lo que esto quiere decir y en donde radica su determinidad y cómo en todo ello se pone de manifiesto un ser‑ahí, una exsistencia, hay que verlo ahora a partir de lo concreto.

La determinidad del significar o de tal venir dado (a lo que fuere)su sentido o significado, que es lo primero que hay que explicar, radica en el carácter de apertura (de salir a la luz, de quedar alumbrado)lo significativo de que se trate (apertura, no simplemente determinidad de un conocimiento. Ésta última determinidad es sólo un particular momento del enfocar el objeto que fuere y, aun así, tal como se lo enfoca por término medio. En este enfocar las cosas de tipo cognitivo y de término medio es donde se mueve lo que hemos llamado la interpretado-idad, el venir interpretada la exsistencia). En cambio, la apertura o Erschlossenheit se muestra en dos caracteres, (1) en el carácter de quedar algo ahí delante, (2) en el hacer aparecer lo co-mundano (y mantenerlo en ese hacerlo presente).

(1) Aquello con lo que en la forma descrita nos topamos “mundanamente”, es decir, nos lo topamos “en el mundo”, se muestra como siendo adecuado-para, siendo utilizado-para, no siendo ya apropiado-para, no siendo ya utilizado-para; su ser-ahí es un ser-ahí para lo que fuere ahí; “para tal cosa” significa: a-mano para el estar-uno-ocupado-con, es decir, para un versar acerca de eso con lo que nos topamos; y de ese versar nace esta o aquella forma de absorberse en  eso de que nos estamos ocupando, este o aquel adoptar respecto a aquello de que nos estamos ocupando la posición que fuere. En tal estar‑ahí‑a‑mano (como tal) lo que fuere [por ejemplo los platos], queda también ahí (o es también ahí) como conocido o abierto el para qué; y este para qué en la forma de ser de un determinado ser‑así cotidiano: para comer, por ejemplo, (y esto en solitario o {94}con otras personas determinadas, a tales determinadas horas del día). Y está también ahí-delante esta determinada cotidianidad y temporalidad. Ya sida ahí así, y deviniendo así ser aquí (en ese su quedar ahí delante). Pasado y futuro, lo sido y lo adviniendo, son horizontes determinados que en cada caso determinan el presente; desde el pasado y el futuro empujando y penetrando en el ahí. (Temporalidad: ahí desde entonces, ahí versando sobre, ahí con el fin de, ahí por mor de).

Vías del curare et procurare. Lo que está ahí no lo está con la determinidad de lo definitorio, sino que lo está en la cotidianidad y en la historicidad de ésta, por ejemplo: los libros, nos  advienen, es decir, se nos vienen, se nos echan encima (en ese su quedar para nosotros ahí) desde la intensidad con que nos ocupamos de ellos: “todavía no leído”, “es ahora cuando hay que leerlo”, “ya leído”, sí pero a trozos; “ya no me sirve”, “está ahí por algún sitio”, “siempre me ando tropezando con él”, qué cosa; el “ahí”. El abordar y el andar‑con que hace que nos topemos con lo que fuere; ser-abierto para el amanecernos cosas y salirnos a la luz cosas y para el prae-habere de la cura o cuidado (es decir, para aquello de lo que resulta que ya nos tenemos que andar ocupando) a partir y para la cotidianidad.

(2) El ahí, que así queda delante, precisamente en su ser-ahí, hace aparecer a “los otros”, es decir, hace aparecer un determinado círculo de con-vivientes conmigo; o a determinados otros: quien me regaló el libro; el carpintero que hizo la mesa; aquél que tiene una mejor biblioteca en el sentido o aspectos que fuere.

Lo que con la expresión: “fueron los niños” aparece como mostrándose subrayadamente en ese su carácter pasado, es algo que está-ahí (aunque sea sin subrayar y con diversa claridad y aun desdibujándose) en todo aquello con que nos topamos mundanamente, es decir, en todo aquello con que nos topamos en el mundo. La mayor parte de las veces (y precisamente esto totalmente sin relieve y como cosa obvia) “uno mismo”, es decir, la propia temporalidad [la propia temporalidad de uno mismo] en su cotidianidad. Aquello que uno se trae entre manos, aquello en lo que uno anda y sobre lo que uno versa, ese mundo es uno mismo. Lo que uno mismo es, lo es uno en el mundo con los otros, se determina desde aquello como lo que uno aparece, junto con los otros, pero a diferencia de ellos [junto con los otros, pero contrastando con ellos, o junto por los otros pero por contraposición con ellos]. La cotidianidad de la exsistencia (la cotidianidad del ser-ahí) tiene a ésta misma ahí y la busca por la vía de prestar oídos a lo que otros dicen acerca de ella, acerca del aspecto que el cotidiano trajín cobra en los otros, acerca de cómo los otros aparecen en él.

{95}También en los casos en que el venirnos abierto o alumbrado aquello con que nos topamos, es decir, el para qué, el para quién, el de quién, no nos sale a su vez al encuentro (no nos lo topamos) con la familiaridad de lo cotidiano (las posibilidades de familiaridad son fácticamente históricas, o fácticas e históricas), es decir, también en los casos en que irrumpe en nuestro mundo más próximo algo extraño con lo que chocamos, precisamente entonces, precisamente en ello, precisamente ahí (en nuestro buscar versando acerca de qué pueda tratarse, de en qué pueda consistir ello, distintos aspectos de esa búsqueda) muéstrase el carácter del venirnos abierto o alumbrado ello (fuere ello lo que fuere); la pregunta ¿qué es esto? se desarrolla a sí misma en las preguntas ¿para qué vale esto?, ¿qué se hace con esto?, ¿para quién es esto?, ¿qué hay que hacer con esto?, ¿quién ha hecho esto?.

Aquello que en aquello que topamos constituye la apertura, es decir, su venir alumbrado, dista tanto de consistir en una diversidad de relaciones en las que sólo a posteriori de forma secundaria se ponga lo existente con que nos topamos, que más bien es precisamente desde esa su apertura y alumbramiento y por medio de esa apertura y alumbramiento como aquello que nos topamos es-ahí, se mantiene en su exsistencia (las relaciones que aquello que nos topamos dice a esa diversidad son precisamente lo circundante, lo circundoso). Lo cotidiano en tanto que exsistente, es decir, en tanto que estando ahí, no es ya el ente que propiamente es, antes de (y junto a) su “para algo” y “para alguien”, sino que ese su ser-ahí, ese su estar-ahí, radica precisamente en el “para” de ese “para algo” y en el “para” de ese “para quién”; y cuando esto, es decir, cuando esa apertura o alumbramiento no se produce, entonces (esa apertura) precisamente se echa en falta, es decir, también entonces el correspondiente ente sigue todavía en ella ahí; ese ente es‑ahí, sólo que “se nos cruza en el camino” y “se interpone en nuestro camino”, en nuestro estar ocupados con algo, en nuestro trato con algo, sin saber qué hacer con él [no sabemos qué hacer con ese ente que se nos interpone y nos es oculto en su “a qué viene”].

Y entonces [en el caso descrito en últinmo lugar] sólo tenemos ahí algo en el modo de un objeto de posible consideración contemplativa, o de posible constatación considerativa, que está‑ahí‑presente como susceptible de vamos-a-ver-qué-es, sólo lo tenemos ahí, digo, en tanto que exsistente o estando ahí en la cotidianidad, sólo que [para que quede ahí así] ha perdido su carácter-de-ahí propiamente dicho, y se mantiene en la esa indiferencia de algo que por de pronto no más hay que empezar estableciendo qué es o de qué se trata. Pero esa, digamos, constatabilidad, este empezar topándonoslo no más que en tales términos, no es su ser, sino su posible ser-objeto, mientras que, en cambio, la apertura o alumbramiento de lo significativo muestra a lo así abierto o alumbrado, lo muestra, digo, en el cómo de su ser-ahí. (Génesis de lo teórico; antes: “curiosidad”.)

A partir de la apertura y con la apertura con la que (lo significativo) nos sale al encuentro, (lo significativo) dice quién es, es decir, se significa a sí mismo, es decir, se interpreta a sí mismo, dentro (y desde el interior) del “ahí” de un versar nosotros sobre algo en una situación de la cotidianidad, de un estar nosotros en algo en una situación de la cotidianidad. Lo así se-significante y se-interpretante no significa a otra cosa, sino a sí mismo, y así se vuelve significativo, es decir, se mantiene, conforme al caso de que se trate y a través de él (a través de ese caso de que se trate) en ese ser-ahí y en ese estar-ahí-delante.

{93}La pertinacia de teorías del conocimiento bien aclimatadas, que no solamente son de tipo constructivo en general, sino que lo son precisamente en la elección pretemática que hacen de aquello sobre lo que ha de versar la construcción, es decir, de la percepción y el conocimiento teóricos [es decir, que escogen como tema sobre el que basar su descripción la forma de estar enderezados a algo y de conocer algo que representa el comportamiento teórico MJR], esa pertinacia, digo, empieza haciendo que los fenómenos que acabamos de mostrar aparezcan como sumamente extraños. Pero tanto la pertinacia de las teorías como también lo aparentemente extraño del análisis que acabamos de hacer, se vuelven, precisamente, inteligibles en sus motivos desarrollando el tipo de enfoque en el que nos topamos con la significatividad. La significatividad sólo es comprensible desde el alumbramiento o apertura que cabe encontrar en ella, a partir del cual alumbramiento o apertura aquello que nos topamos, se interpreta, se da significado y sentido en ese encontrárnoslo, empujando e introduciéndose así en el ahí (el acceder‑a y tratar‑con que deja que el ente nos tope; ser-abierto para tal abrírsenos y alumbrársenos lo que fuere en el medio de aquello de lo que ya nos encontramos ocupándonos a partir de y para la cotidianidad)[esto último son notas sin desarrollar MJR].

 

 

[pág. 96 del original] 

§ 22. Análisis de la significatividad[i]
(2ª. Versión)

En la descripción indicativa que acabamos de hacer no se han mostrado (y ello ha sido con toda intención)sino formas de salirnos al encuentro (es decir, formas de topárnoslas) y formas de ser de “simples cosas”. Y vamos a mantener este campo de mira fenoménico (este campo fenoménico de visión), pero no en el sentido de un limitarnos a un determinado fragmento (del ente), sino con una intención metodológica que entendemos que es de fundamental importancia. Pues precisamente se trata de mostrar qué es lo que pasa, qué es lo que sucede, qué es eso de, cuál es la ratio de, la exsistencia mundana o ser-ahí mundano de las simples cosas (mesa, libros).

El término “mundano” en tanto que derivado de “mundo” no ha de entenderse en contraposición con “espiritual”, sino que formalmente quiere decir: exsistir, ser-ahí como siendo “mundo”. El carácter de ser-ahí de éste (del mundo) lo fijamos terminológicamente como significatividad. Significativo quiere decir: ser, ser-ahí, exsistencia, en la forma de un significar con el que determinadamente nos topamos [es decir, con el que nos topamos siempre en concreto]. En otra traducción: la expresión no significa un exsistente, es decir, algo que sea ahí, y que, aparte de eso, signifique algo, sino el significar con el que determinadamente nos topamos; el mantenerse en ese significar es lo que constituye el ser. De lo que se trata, pues, es de hacer comprensible qué y cómo la significatividad constituye exsistencia o ser-ahí mundano.

El análisis es doble y concierne a las dos cosas siguientes:

1.            El significar y sus contextos fenomenológicos (§ 23-25).

2.            La caracterización precisa del toparnos cosas (carácter del mundo en cuanto teniendo que ver con [o consistiendo en] toparnos mundanamente cosas) (§ 26).

3.            El significar se vuelve visible en tres fenómenos:

1. El venirnos abiertas o alumbradas cosas [en alemán: la Erschlossenheit] (§ 23)

2. la familiaridad, (§ 24),

4.            lo imprevisible y lo comparativo. (§ 25)

 

 

§ 23. El venirnos abiertas o alumbradas cosas [la Erschlossenheit]

El fenómeno de tal apertura o alumbramiento se articula según dos caracteres entre sí unitarios:

a)           el quedar-ahí-delante las cosas [en elamán: la Vorhandenheit],

b)          el aparecer o trasparecer lo co‑mundano.

 

a) el quedar-ahí-delante las cosas:

Lo que nos topamos es ahí o está ahí en el “servir-para”, “utilizarse-para”, “ser-de- importancia-para”. Lo que nos encontramos es‑ahí sobre la base de su ser o usarse para tal fin. Desde ese su determinado ser para qué o para quién es como aquello que nos topamos nos queda a mano. Ese su ser-a-mano, ese su resultar-disponible, constituye el quedar-ahí-delante, su estar-ahí-delante, su hacerse-presente-ahí, su Vorhandenheit. Las determinidades del para quién, del para qué, o para qué fin, no son propiedades que cuelguen o se atribuyan a la correspondiente cosa ahí, a la cosa que está ahí, la cual pudiese empezar siendo ahí (es decir, pudiese empezar exsistiendo, o estando ahí) sin ellas, sino a la inversa: son precisamente ellas las que primariamente empiezan empujando aquello que nos topamos a entrar en ese su ser‑ahí propiamente dicho [en esa su exsistencia propiamente dicha] con que nos topamos y de mantenerlo pegado a él.

Para percatarse adecuadamente de la estructura fenoménica del quedar-algo-ahí-delante [de la estructura fenoménica de la Vorhandenheit] es importante que simultáneamente nos co-percatemos de que el para qué y el con-vistas-a-obtener-qué-cosa constituye el original y más próximo “ahí”, y por tanto ese para-qué y ese con-vistas-a-qué no deben considerarse como algo con lo que sólo damos ahí a posteriori y que hubiese que explicar en el sentido de (o en términos de) un modo de {98} mirar que los colgase de la cosa o los pegase a la cosa [la estuviese ya dada ahí sin ello]. El para qué o a qué fin (son ahí la comida diaria, el habitual trabajar y escribir, el coser a veces, el jugar) no son formas del estar ocupados con algo o del estar en algo versando sobre ello, que sean arbitrarias o que estén ahí en una especie de libre flotación, sino que son formas que en su ser en cada caso lo que son vienen determinadas por una cotidianidad histórica [es decir por una cotidianidad que tiene su historia] y que es a partir de ella y para ella como se determinan y redeterminan de nuevo conforme a su propia temporalidad interna. (Es importante el qué de aquello que pre-tendemos, es decir, la pre-ocupación y aquello “sobre lo que” esa pre-ocupación versa, o sea: el acerca-de-qué de la prae-ocupatio, de la Vorsorge.) En el análisis que haremos después del carácter de encuentro del mundo mostraremos cómo tal toparnos de antemano (el porqué y para qué), pero sin que ello quede resaltado o subrayado, viene motivado en el quedarnos algo-ahí-delante y cómo hacen que ese quedarnos algo-ahí-delante se convierta en el carácter de “ahí” propiamente dicho que lo que topamos tiene. El quedar-algo-ahí-delante, su Vorhandenheit, fija el peculiar carácter de “ahí”: ser (lo que nos topamos) en ese su propio “para qué” y “por qué” que co-topamos al topar lo que topamos.

 

b) El aparecer de lo co-mundano

Aquello que topamos es lo que es y como lo es como “la mesa esa”, la “mesa que está ahí” en la que nosotros comemos a diario, en la que Se come a diario (siendo ese Se un Se determinado), en la que antaño se solían tener aquellas conversaciones, en la que se jugaba aquel juego en el que participaban (en el que estaban en ello, en el que eran en ello, en el que eran ahí) unos determinados hombres, es decir, en el ser-ahí de esta mesa (en el ser ahí esta mesa) siguen siendo todavía co-ahí, siguen consiendo todavía ahí, siguen siendo todavía co-ahí; este libro, ese de ahí, el que me regaló X, y que el librero B me encuadernó mal. Uno se trae entre manos una cosa que ante otros uno quiere que cobre tal o cual aspecto, que habrá de imponerse entre ellos, que habrá de suponer un ventaja respecto a los demás.

En lo que así nos topamos en la cotidianidad son ahí los otros, en cada caso determinados otros, otros que se determinan en cada caso [que cobran concreción] desde la temporalidad. Estos con-vivientes, estos que con-son en la cotidianidad no nos aparecen primero y por la mayor parte en un hacerse aisladamente expresos, sino que aparecen en aquello que nos traemos entre manos, en aquello de que nos ocupamos. Y ser ahí en tal forma de aparecer, no significa precisamente convertirse en objetos de un saber enderezado a esos objetos; sino que estar algo ahí-delante (en su porqué y para qué) es ya también el aparecer co-mundano de los otros, de suerte que, igualmente, ese aparecer de los otros, a partir de sí mismo, empuja igualmente a lo-que-es-ahí a ese su‑ahí.

{99} El aparecer (en aquello con que nos topamos) de otros que fácticamente viven, hemos de caracterizarlo con más precisión introduciendo la la expresión “co-mundano”, o “co-mundanamente”, es decir, los otros, en tanto que fácticamente vivientes, nos los topamos “mundanamente”, es decir, como aquellos con los que se “tiene que hacer algo”, con los que se trabaja, con los que se tiene algo a la vista (y precisamente para tal fin y sobre la base de ello la mayoría de los demás se nos vuelven “indiferentes”); “co-” en cuanto que son esos otros con los que “uno mismo” tiene que ver, con los que Se tiene que ver.

Y nos los topamos co-mundanamente [nos salen co-mundanamente al encuentro], de suerte que son los otros los que [en tal topárnoslos] traen consigo ese “uno mismo” [es decir son aquellos con los que Se tiene que ver y por tanto son aquellos con los que Se mismo, con los que uno mismo, tiene que ver; en alemán se dice igual ese Se u ese uno, a saber: Man, MJR]. En el aparecer co-mundano de aquello con que nos topamos Se co-es (uno co-es) aquello que uno se trae entre manos; “uno mismo”, o sea: su posición, su prestigio, sus trabajos, su éxito, sus fracasos, entre los demás. En el “ahí” que nos topamos de la mesa y de otras cosas parecidas Se es (aunque ello no quede resaltado y no se vuelva expreso) a la vez aquello que nos topamos, se co-es aquello que nos topamos. Pero esto - ello mucho menos aún que los otros- no en el sentido de ser-aprehendido de forma expresa, ya sea en términos teóricos o de cualquier otro tipo. Y sobre todo, se es-ahí en esa forma sin ningún tipo de autoconsideración vuelta sobre uno mismo en términos de yo, es decir, sin reflexión; al contrario, precisamente se topa uno a sí mismo en este corriente estar uno ocupado con el mundo.

 

 

{pág. 99 del original}

§ 24. La familiaridad

La totalidad fenoménica de este venirnos abiertas o alumbradas las cosas, a partir de lo cual algo con lo que fácticamente nos topamos se significa [se interpreta] a sí mismo poniéndose en su ahí, consiste ella misma en un peculiar contexto de remisión. [En otra traducción: la totalidad fenoménica de este venirnos abiertas o alumbradas cosas en el que aquello que fácticamente nos topamos se muestra como teniendo el sentido y razón en los que su “ahí” consiste y desde los que es puesto en ese su “ahí”, esa totalidad, sigo, consiste ella misma en un peculiar contexto de remisión]. El cómo de tal[ii] significar remitente nos lo topamos (o nos topa) a resultas de una correspondiente familiaridad. El quedar algo ahí-delante, su exsistencia, su ser-ahí, así como el aspecto que en ese su aparecer ofrece aquello que topamos, son conocidos (hexis ?lhyeÛa aletheia), nos resultan conocidos, estamos familiarizados con ellos, pero no en sentido de un conocimiento temático de ello y sobre ello, sino como aquello en lo que (correspondientemente a aquello que con lo que nos estamos topando, a aquello de que se trata, aquello en que estamos) uno se entiende uno mismo, se las arregla uno mismo, sabe dónde anda y cómo andar uno mismo. La cotidianidad domina y transe las determinadas referencias de las que están constituidas los contextos de remisión. Cada cual se entiende en cada caso en aquello en que anda; está familiarizado con los otros [sabe de qué se trata con los otros, está en ello]y los otros con él. Este co‑mundano ser conocido [en el sentido de saber de qué se trata en el andar con los otros, en el sentido de estar en ello] es un ser‑conocido de tipo medio, que {100}nace de la cotidianidad y que siempre crece hasta satisfacerla, es decir, que siempre crece hasta llegar a bastarle. Tal familiaridad no tiene el carácter de una aprehensión o no tiene el carácter de un aprehender algo, o no consiste en carácter de aprehensión, sino que tiene el carácter de encuentro o consiste en el carácter de encuentro o es el carácter de encuentro que [como venimos indicando] tiene lo que es ahí precisamente en su ser ahí, el carácter de ese algo en su toparnos, en su salirnos al encuentro, en su venir al ahí; ser-en, in-esse.

 

 

§25. Lo imprevisible y lo comparativo

Sólo sobre la base de esta familiaridad puede presentarse o surgir en ese “primero y por de pronto” [en ese “lo que suele ser habitualmente el caso”] del ahí mundano algo así como lo “extraño”; es lo no familiar, “lo que se nos interpone en el camino”, “lo que llega inoportunamente y extemporáneamente”, “lo que es penoso”, “lo que perturba todo”, “lo que pone las cosas fuera de sitio”, “lo que es un impedimento”. Y, como tal, tiene en su carácter de ahí una acentuada presión e impertinencia, tiene, por así decir, un “ahí” subido, un “ahí” enfático. Esta posibilidad de subimiento o agudización o mayor acuidad del carácter de ahí de algo que tan a trasmano viene o que ya está inoportunamente ahí, radica [brota de, está enraizada] precisamente en el desapercibimiento, en el carácter de no expresa, en el carácter de no resaltar, en el carácter de no verse, que caracteriza a la obviedad de la familiaridad del ahí cotidiano.

[iii]Lo extraño es sólo esa misma familiaridad (a la que no se ve) que despierta a consecuencia de una sacudida y que ahora nos topa [ella misma] en el carácter de no familiaridad. Tal falta de familiaridad no es algo ocasional sino que pertenece a la temporalidad de nuestro toparnos el mundo como tal. La familiaridad se ve perturbada y tal familiaridad perturbada o perturbable, da al ocasional o casual o accidental “(suceder las cosas) de forma distinta a lo que se pensaba” su resistente y enfático y subido sentido de “ahí”.

Mediante tal sacudibilidad o perturbabilidad de la familiaridad (en ese su carácter primeramente no expreso y no visible) aquello que así nos topa queda ahí en su imprevisibilidad. El ahí que entonces nos topamos tiene el peculiar empecinamiento de lo impertinente, de lo casual, del accidente, de lo que impertinentemente se nos cruza ahí sin que se lo espere. El que “la más de las veces (por esto o por aquello) las cosas vienen de forma algo distinta a como se pensaba” domina el toparnos el mundo; el toparnos el mundo es, por tanto, comparativista: de forma distinta a cómo se pensaba, a lo que se quería hacer, etc.

 

 

§ 26. El carácter de encuentro del mundo

Este último carácter y los otros sólo se los puede ver con seguridad cuando queda definido (como hemos hecho) el carácter de encuentro de lo exsistente, de lo que está-ahí, el carácter que lo que está-ahí tiene de ser aquello con que nos topamos en nuestro estar en ello.

Lo que está-ahí nos lo topamos, es decir, nos sale al encuentro en el cómo de estar ocupándonos de ello, es decir, en el ahí que queda situado en un determinado Besorgen, es decir, en un determinado cuidarnos‑de, es decir, en un determinado curare et procurare. En un sentido acentuado el ocuparnos de algo, el habernos ocupado de algo, significa el solventarlo: (en un sentido acentuado el habernos ocupado de algo significa el quedar ahí solventado): cuando ya hemos dejado de ocuparnos de ello, cuando lo que fuere ya está ahí disponible; y precisamente entonces es cuando propiamente decimos que nos hemos ocupado de ello.

La exsistencia que nos topamos, en tanto que aquello de que nos cuidamos, tiene su propia temporalidad [Exsistencia se refiere, pues, tanto a cosas, como a los otros, como al ente que somos cada uno, MJR. La misma frase en una traducción más prolija sería: “La exsistenica o ser-ahí que nos sale al encuentro, es decir, la exsistencia o ser-ahí con que nos topamos, en tanto que aquello de lo que nos ocupamos en el sentido lato de este término, tiene su propia temporalidad. Aquello de que nos cuidamos está ahí, o bien como todavía‑no, o bien como aquello a lo que precisamente ahora (nos volvemos), o bien como ya, o bien como casi, o bien como ahora, o bien como por de pronto, o bien como finalmente. Designemos estos momentos como los momentos kairológicos de la exsistencia o de lo exsistente. Sólo a partir de esta temporalidad resulta que son inteligibles los momentos básicos del tiempo.

Para entender el contexto fenomenológico de la significatividad hay que percatarse de que la apertura radica en la cura o cuidado de que se trate. La diversidad de remisiones no es otra cosa que aquello en que el curare et procurare está. De antemano, el para qué de lo que fuere, y sus otros co-mundanos son aquellos acerca de lo que la cura o cuidado versa. Aquello de que nos cuidamos es el contexto de remisiones mismo.

Este ir y venir en el contexto de remisiones caracteriza a la cura o cuidado como un andar a vueltas con las cosas. El contexto de remisiones es entonces propiamente ese “a vueltas”, es decir, es lo propiamente circum-dante o circundoso. La significatividad debe definirse, por tanto, como el exsistente con-qué de nuestro andar a vueltas con las cosas cuidándonos de ellas, es decir, de nuestro andar a vueltas con las cosas en nuestro curare et procurare acerca de ellas. Por este circum, y como emergiendo de él, viene sostenido el entorno o circum-mundo fáctico-espacial en su ser-ahí-de-esta-o-aquella-manera, en su ser ahí así o asá.

El tipo de espacialidad impuesta por el curare et procurare, o que fácticamente se impone en el curare et procurare, tiene sus lejanías, como es, por ejemplo: demasiado lejos, casi al lado de, por esa calle, por la cocina, eso te queda a dos pasos, detrás de la iglesia, etc. En esta espacialidad se encierra en cada caso una familiaridad con aquellas remisiones que siempre son las del curare et procurare, es decir, las de nuestro estar a vueltas con las cosas.

El “circum” no se determina de ningún modo en un sentido ontológico primario a partir de un estar dispuestos (los ámbitos que fuere) unos al lado de otros, o unos en-torno-a-otros, ni a partir de contextos geométricos, sino que ese circum es el circum del mundano andar a vueltas con las cosas cuidándose de ellas. Ese “um” (en alemán), ese “circum” (en latín), es el que proporciona la posibilidad de interpretar el significado ontológico del ser-en-un-mundo y ser-dentro-de-un-mundo. Ser-en-el-mundo no significa: figurar ahí entre las demás cosas, sino que significa: el “circum” del mundo que topamos en nuestro andar a vueltas con él cuidándonos-de. La forma propiamente dicha de ese ser-en-el-mundo, es decir, de ese ser mismo [es decir, de ese ser self, es decir, de ese ser que no puede ser sino siendo él, sino siendo self] en el mundo a que nos venimos refiriendo, es el curare et procurare, en tanto que fabricar o producir, disponer, tomar posesión, impedir, hacer que tal cosa no se estropee, etc. Lo circumdante, lo circumdoso es el término medio, el espacio público de la vida. La vida se habla, se da mundanamente tema y conversación a sí misma en el curare et procurare.

Si volvemos ahora la mirada sobre lo que hemos dicho acerca del aparecer co-mundano, es decir, sobre el mostrarse del mundo en cuanto siendo el co-mundo en que con-somos con los demás, entonces resulta lo siguiente: en el ahí de que nos cuidamos, precisamente aquello de que nos cuidamos no es sino el co‑mundo y, junto con él, de lo que uno se está cuidando es de uno mismo. Su carácter básico [el carácter básico del curare et procurare] viene determinado porque, sea cual fuere la cosa a la que se endereza, el curare et procurare se mete a sí mismo en la cura. La cura o cuidado, el curare et procurare, se cuida siempre en cierto modo de sí mismo. (Pero con esto no estamos hablando de una retrorreferencialidad de la cura o cuidado, en la que ésta desde un segundo nivel de sí misma se volviese sobre un primer nivel de sí misma. No estamos hablando en absoluto de eso [por más que ello sea posible, MJR]). La cura o cuidado se cuida de sí misma en cuanto que es consigo con quien da, en cuanto que es con ella misma con quien ella se encuentra [en cuanto que es con ella misma con quien acierta a dar o desacierta a dar] en el ahí que mundanamente la topa, es decir, que mundanamente le sale al encuentro. Pues el cuidado como tal es precisamente aquello que originalmente tiene ahí mundo y que orienta la temporalidad de suerte que es para ese cuidado y en ese cuidado donde topamos algo así como mundo, es decir, donde algo así como mundo sale al encuentro. Este fenómeno básico no debe debilitarse de ninguna manera.

Ser en la forma de tal cuidado es lo que estamos llamando curare et procurare, en alemán Besorgnis. Este curare et procurare caracteriza a la vida como un estar situado o un posicionarse en un mundo en tanto que cuidándose-de y proveyendo-a en el andar a vueltas con él. La cura o cuidado, el curarse-de, es ser-en-un-mundo, y de ninguna manera debe interpretarse como acto de una conciencia o acto en una conciencia.

El alcance del procedimiento metodológico conforme al que con toda intención hemos venido limitando el análisis [por lo general MJR] a puras cosas a puras cosas, ese alcance, digo, se vuelve ahora visible en que en nuestro andar a vueltas con las cosas más próximo, más cotidiano, el entorno o circum‑mundo es ya siempre también ahí como co-mundo (mundo en que con-somos con los demás) y como Selbst-welt, es decir, como mundo del self, es decir, como mundo del sí-mismo, es decir, como mundo self, es decir, como mundo que uno mismo es. Y fijaciones terminológicas [es decir, Umwelt, Mitwelt y Selbstwelt, es decir, circunmundo o entorno, co-mundo y mundo del sí-mismo] de ninguna manera delimitan regiones contrapuestas entre sí, sino que son determinadas formas de toparnos mundo, de que el mundo nos tope, de que nos salga al encuentro mundo; cada una de esas formas muestra el específico carácter de circum. Y esto cicundante, esto circundoso, no es otra cosa que el término medio, que el espacio público. (Quede dicho todo esto aquí de golpe y a prisa, con vistas al análisis del hoy.)

La vida cotidiana es-ahí en tanto que mundo que nos topamos, en tanto que mundo que nos sale al encuentro (en otra traducción: la vida es‑ahí en la cotidianidad como mundo que topamos, como mundo que nos sale al encuentro), como mundo del que nos cuidamos, y como mundo afectado por la cura o cuidado. De lo que se cuida la vida y a lo que la vida provee es de sí misma y a sí misma, y como este curare et procurare tiene en cada caso su lenguaje, en ello y estando en ello la vida se da tema, se es tema, se hace tema y se da conversación a sí misma.

En el propio carácter de ser de la cura o cuidado radica el que esa cura o cuidado se absorba en su propio darse cobro, en su propio ejercicio y autorrealización. En la costumbre y en la publicidad del espacio público el cuidado desaparece, se deja de ver. Pero ello no significa que cese, sino que ya no se muestra, que está oculto. El curare et procurare y el andar a vueltas con las cosas empiezan entonces ofreciendo el aspecto de la despreocupación. El mundo que topamos, el mundo que nos sale al encuentro parece llanamente ahí, como si tal cosa, como algo a lo que no hubiera que darle más vueltas.

En este “ahí” nivelado del curare et procurare en el modo de la despreocupación, en el que nos topamos el mundo (en el que el mundo nos sale al encuentro) como si de una obviedad se tratara, la cura o cuidado dormita. Y, precisamente por ello, el mundo encierra siempre la posibilidad de que súbitamente irrumpa la premura. Sólo en cuanto significativo puede el mundo salirnos al encuentro como tal premura o apuro (como tal “se acabó la obviedad”).

(Tengo que interrumpirme aquí). A partir de este carácter del ser-ahí del mundo, tal como lo hemos fijado, hay que poder hacer comprensible en qué medida la curiosidad (¡cura, curiositas!) es un cómo de la cura o cuidado. Y desde ahí hay que hacer comprensible cómo (la curiosidad) en su autoejecución subrayada y expresa no elimina la obviedad con que la exsistencia se toma sino que la refuerza. Y puede hacerlo porque la cura o cuidado de la curiosidad [la cura o cuidado en el modo de la curiosidad] se oculta siempre constantemente a sí misma. Los cuatro caracteres de la autointerpretación [de los que se habló al final del §12] son enmascaramientos de dicha curiositas, por medio de los cuales esa curiositas se es oculta a sí misma en su propio cuidado, es decir, en aquello de lo que propiamente se está cuidando. El “todos nosotros” o “nosotros todos” de Spranger es sólo la máscara de la inseguridad: ninguno lo ha visto, ninguno lo cree, cada uno es demasiado cobarde para confesarlo.

El fenómeno de la cura o cuidado ha de considerarse un fenómeno básico de la exsistencia o ser-ahí. No se lo puede considerar como algo compuesto a partir de ingredientes teoréticos, prácticos y emocionales. Sino que sólo a partir de ese fenómeno básico hay que hacer comprensible cómo en el ser-ahí de la cura o cuidado mismo, aprehendido y entendido en su originalidad antes de toda disección, a partir de ese fenómeno basico, digo, es desde donde hay que entender cómo el cuidado del puro ver y del simple preguntar están radicados en el ser de la exsistencia humana.FIN.

Martin Heidegger

 


 

[i] Esta fue la versión que Heidegger expuso en clase. El epígrafe es suyo.

[ii] Heidegger anota a propósito de este "cómo": "¿"cómo"?, poco neto"

[iii]  El editor alemán señala que la redacción de lo que sigue proviene de los apuntes de un oyente, pues la correspondiente página falta en el manuscrito.

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