Martin Heidegger
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{pág.93 del original}

CAPÍTULO TERCERO
Desarrollo del praehabere

 

§18. Mirada sobre la cotidianidad

Después de estas providencias de rechazo, de lo que se trata es de ponernos ante la vista y ejecutar el prae-habere mismo y la vía de mirar y ver que nos conduzca a él. La exsistencia es lo que es en su Jeweiligkeit, es decir, en su-ser-ella-la-de-cada-cual [o en su ser ella la de cada caso]; y en ese su ser-ella-la-de-cada-cual podemos fijarnos en ella [podemos ponérnosla a la vista] bajo aspectos totalmente distintos.

Para la formación y desarrollo de un prae-habere es decisivo ver a la exsistencia en su cotidianidad. La cotidianidad caracteriza la temporalidad de la exsistencia (Vorgriff, anticipación). A la cotidianidad pertenece un cierto por-término-medio de la exsistencia, es decir, el Se o “uno” [Se hace, Se dice, Se piensa; uno hace, uno dice, uno piensa] en el que el ser-ella-misma [o Eigenheit de la exsistencia] y el posible ser-con-propiedad de la existencia se mantiene oculto o encubierto.

Enderezando, pues, la mirada a la exsistencia, a la de cada cual, en esa su cotidianidad media, es como hay que acreditar o “demostrar” la indicación formal contenida en el prae-habere que reza “la vida fáctica (exsistencia) significa ser en un mundo”, y hay que acreditarla logrando ponérnoslo a la vista ¿Qué se quiere decir con “mundo”, qué quiere decir “en” un mundo, qué aspecto tiene eso de “ser” en un mundo? El fenómeno “exsistencia” no hay que construirlo a partir de las piezas obtenidas de esas determinaciones tomadas por separado; sino que en la acentuación que en cada caso hacemos de uno los términos de la “indicación formal” [ser, en,mundo] no debe radicar en cada caso sino sólo un posible aspecto de un mismo fenómeno básico y unitario.

(¿Qué significa “mundo” en tanto que en dónde del ser [del ser del ser-en-el-mundo]? La respuesta a esta pregunta ha de recorrer las siguientes estaciones del representarnos la cosa por vía de ponérnosla delante: mundo es lo que topamos, aquello que nos sale al encuentro ¿Cómo qué y cómo lo topamos, como qué y cómo nos sale al encuentro? Topárnoslo y carácter de ser (“objetos” sólo para la ontología formal). [nos lo topamos] en el carácter de remisiones (“remisiones” término técnico, hay que entenderlo ontológicamente); las remisiones dan el mundo como aquello de que nos cuidamos; el mundo es “ahí” en el modo de ser el mundo aquello de que nos cuidamos [es decir, en el modo de ser objeto de del estar cuidándonos de él, de nuestro curare et procurare, en el modo de nuestro ser-cuidándonos-de-él]. Inmediato carácter de “ahí” y carácter de {86} encuentro [es decir, carácter de topárnoslo] de ese ser-cuidándonos-de-(él) o de ser el mundo aquello de que nos cuidamos. En tanto que aquello de que nos cuidamos, es decir, en tanto que aquello que es objeto de nuestro curare et procurare, el mundo es ahí como circum‑mundo, es decir, como mundo en-torno, es decir, es ahí como lo circundante, lo circundoso.

Aquello de que nos cuidamos [es decir, aquello sobre lo que versa nuestro curare et procurare] muéstrase como aquello de lo que, o a partir de lo que, la vida fáctica vive. El de-lo-que, así explicitado, suministra el fundamento fenomenológico para la comprensión del En del ser en el mundo, es decir, del ser-en-un-mundo, es decir, una interpretación original del fenómeno de la espacialidad fáctica, que aquí emerge, y del ser “en” él [gramaticalmente este “él” sólo puede referirse a “fenómeno” o a “comprensión”, pues sólo estos dos están en masculino o neutro como “él”, pero creo que se trata de un lapsus gramatical, y que se refiere a mundo, Welt, que en alemán es femenino, MJR]. El cómo del ser‑en, es decir, el cómo del in-esse, en tanto que vida desde y a partir del mundo, es decir, desde y a partir de aquello (el mundo) que topamos en el curare et procurare, se muestra como la cura o cuidado.[Es decir, ese “en” acaba revelándose como lo que Heidegger va a llamar cura o cuidado, MJR]

¿Qué quiere decir mundo como en-dónde del ser [es decir, como el en-dónde del ser o estar la exsistencia, o del ser-ahí la exsistencia o de ser ahí el ser-ahí MJR]? La respuesta discurre a través de las siguientes estaciones del hacernos presente la cosa por vía de ponérnosla delante: mundo es aquello que topamos. El como-qué y el cómo del topárnoslo se encierra en lo que vamos a llamar significatividad. La significatividad no es una categoría que se refiera a objetos, es decir, una categoría que a objetos de un determinado contenido los reúna frente a los demás en un determinado ámbito y delimite ese ámbito frente a otros. La significatividad es un cómo del ser [del ser de la exsistencia MJR], y, por cierto, centra en ella lo categorial de la exsistencia de mundo, es decir, del Dasein de mundo, es decir, del ser ahí mundo [es decir, en ella se encierra en qué consista (o ella define en qué consiste) el ser “ahí” mundo, y por cierto como ingrediente del ser-en-el-mundo que caracteriza a la exsistencia, que es el praehabere que se está desarrollando, MJR]. Pues con el término “exsistencia” [con el término “Dasein”] estamos designando tanto el ser del mundo como la vida humana; el por qué lo veremos a continuación.

Este mundo nos lo topamos (o este mundo nos topa, o con este mundo nos encontramos, o este mundo nos sale al encuentro) como aquello de que nos cuidamos; aquello de que nos cuidamos en su carácter de “lo primero” o “enseguida” y de lo “para después” o “próximamente”, da al mundo de la cotidianidad el carácter de en-torno, es decir, de circum‑mundo, de mundo en torno, de mundo alrededor. Este carácter de “entorno”, en tanto que interpretado a partir de la significatividad, nos abre la comprensión (constituye la apertura de la comprensión) de la espacialidad fáctica, sólo a partir de la cual, mediante una determinada transformación o cambio de la mirada, surge el espacio de la naturaleza [es decir, el espacio del a natureza objeto de la Física, MJR] y el espacio geométrico. A partir de esa espacialidad puede determinarse el significado ontológico del ser “en” lo “entorno” del mundo [es decir, del ser “en” lo “circundante” o “circundoso” del mundo].

Este ser mismo, a que acabamos de referirnos, es aquello a lo que el mundo sale al encuentro, es decir, aquello a lo que el mundo topa, es decir, aquello que se topa con el mundo; y de suerte que él (ese ser) es en él (en el mundo) en tanto que éste (el mundo) es aquello de lo que ese ser se cuida, es decir, en tanto que ser ahí del mundo o ser ahí mundo o exsistencia del mundo. (Ese ser) se caracteriza como cura o cuidado, y tal cura o cuidado no es sino la forma básica del ser [de la exsistencia], la cual forma básica se distingue porque ese ser “es” él mismo el mundo que le sale al encuentro [es decir, porque ese ser es él mismo el mundo salido al encuentro a él]. Precisamente esto, el ser (ese ser) el ser-ahí del mundo, es decir, el ser (ese ser) la exsistencia del mundo, del cual ese mismo ser se cuida, no es sino una forma de la exsistencia o ser-ahí de la vida fáctica. [O sea, el ser del ser-en-el-mundo, es decir el ente que somos, es en el mundo en tanto que cuidándose del mundo, pero el mundo no es sino  aquello de que la existencia se cuida; por tanto, el mundo salido así al encuentro de la existencia no es sino la existencia salida al encuentro de sí en el cuidado, la exsistencia salida al encuentro de sí en tanto que esencialmente cuidándose del mundo y consistiendo esencialmente en ello, la exsistencia encontrándose en tanto que curare et procurare; la existencia o ser-ahí es por tanto el ser ahí del mundo. Parece que va por aquí el sentido del párrafo, a condición de que se nos especifique un poco más eso de “mundo”. MJR]

{87}La aparente dificultad de hacer que quede libre este ligado plexo o complejo categorial y ello dando razón de él por vía de ponerlo ante la vista, esa aparente dificultad, digo, desaparece si desde el principio la consideración que estamos desarrollando hace continuamente el esfuerzo de obligarse a lo siguiente, a saber: a apropiarse y a mantener la correspondiente posición desde la que lo hemos avistado, es decir, constantemente hace el esfuerzo de ponerse por encima de actitudes anquilosadas dictadas por la costumbre y a permanecer en guardia para evitar deslizarse por descuido hacia ellas.

Lo primero que hay que hacer es representarse, ponerse a la vista, hacerse uno presente aquello como lo que el mundo nos topa, nos sale al encuentro; y, conforme a lo que tenemos en el prae-habere, el mundo nos sale al encuentro en el “lo primero” y lo “de después” (en el ahora esto y después vendrá aquello ,etc., etc..) de una cotidianidad de tipo medio que siempre es la de cada cual. Este ser la de cada cual significa una situación delimitada en que la cotidianidad se encuentra, delimitada por “lo primero” a lo que cada uno en su caso ha de proveer, lo cual es-ahí o está-ahí en un haberse (uno) de detener en ello, en un haber uno de versar sobre ello.

Este detenerse-en (algo), el demorarse-en (algo) tiene su Weile, es decir, tiene su espacio de tiempo, es decir, tiene su rato, es decir, tiene su mora [o sea cada cosa lleva su tiempo MJR], lo cual es el lado de estancia de la temporalidad de la cotidianidad, es decir, se trata de un detenerse-en, de un demorarse-en, en un estar-en (en el asunto que fuere), pero ello en un irse estirando, en un irse dándose tiempo, de la temporalidad. Y tal detenerse, tal demorarse en lo que fuere [el rato o tiempo que lo que fuere exige] no es “primero y por la mayor parte” un demorarse o pararse cabe lo que fuere de tipo considerativo o contemplativo, sino que es precisamente un estar uno ocupado en algo. El estar uno en la calle puede ser un estar dando vueltas sin hacer nada, pero incluso como tal, el estar ahí en la calle sin hacer nada es algo completamente distinto del figurar ahí una cosa llamada hombre entre otras cosas llamadas hileras de casas. El permanecer ahí en la calle sin hacer  nada, el estar ahí en la calle sin hacer nada, el andar ahí en la calle sin hacer nada, sólo empieza volviéndose él mismo comprensible en tanto que produciéndose en contraposición con (o dentro de) lo que es la mayoría de las veces el estar en la calle en tanto que estar en camino hacia algo o yendo a algo, es decir, sólo empieza volviéndose él mismo comprensible en tanto que produciéndose en contraposición con (o dentro de) el tipo o la forma de estar las más de las veces en la calle que representa un “ocuparse de o proveer a” lo que fuere, es decir, que representa un “ocuparse-de o proveer-a”(un curare et procurare) en un sentido acentuado de forma enteramente particular.

Lo que pretende lo dicho es llevar a que (o conducir a que) una determinada situación, es decir, una situación concreta, que en el caso considerado se refiere a las maneras de extenderse la cotidianidad de cada cual, conducir, digo, a que esa situación queda fenoménicamente a la vista para poder ver en ella cómo en ella, en tanto que cómo de una cotidianidad de tipo bien inmediato y próximo, nos sale al encuentro el mundo, es decir, nos topamos el mundo, es decir, nos topamos con el mundo. Hay que prevenir contra esa extendida equivocación o error que consiste en lo siguiente: lo que se suelen llamar experiencias, consideradas como actos aislados, y que, por así decir, no son sino extractos artificiales sacados de la vida, se las suele tomar por la experiencia pura y simple, por la experiencia sin más [en ello está la primera parte del error MJR], y [además se supone que] lo experimentado en esa experiencia no podría tener otro sentido que el de estar-ahí una cosa (que el de ser ahí una cosa) en el sentido de realidad (en el sentido de ser que representa el figurar algo ahí delante, en el sentido de una res) [es decir, en el suponer que esa supuesta “experiencia pura y simple” tiene esta forma de ser, o sea, la “forma de ser” de ser una cosa ahí, está la segunda parte del error MJR].

 

 

{pág. 88 del original}

§ 19. Una descripción mal hecha del mundo cotidiano

Para dar más acuidad aún al análisis propiamente dicho y a la vez caracterizar la manera tan fatal y simple como falsamente abordan las cosas esas primitivas y salvajes descripciones, a que acabo de referirme, vamos a empezar dando una descripción de ese tipo, que, por cierto, no va a ser una descripción que yo me invente, contada por mí para este propósito, sino aquella descripción que hoy se estaría dispuesto a considerar como la descripción más exenta de prejuicios y más simple del inmediato venirnos dadas las cosas, y que a su vez suele convertirse en fundamento de todas las ulteriores descripciones de lo que suelen llamarse relaciones constructivas en el campo objetual de que se trate, es decir, del venir construidas objetivamente unas cosas a partir de otras en el campo que fuere. Pese a lo cual esa descripción sigue siendo absolutamente superior a todas esas teorías que se dedican a contar cuentos sobre la transcendencia de los objetos y sobre la transcendencia de la realidad sin haberse dignado siquiera echar una mirada a aquello que con tanto denuedo se ponen a describir.

Recurramos (supuestamente) a la cotidianidad más simple y pura: el estar en casa, el estar en una habitación, donde al cabo nos topamos con algo así como una “mesa” ¿Como con qué nos encontramos con esa mesa? Como con una cosa en el espacio; en tanto que cosa espacial es, además, una cosa material. Tiene tal o cual peso, tal o cual color, esta o aquella forma, con la superficie superior o bien angulosa o bien de forma redonda; de tal altura, de tal anchura, con las superficies lisas o con las superficies sin pulimentar. Esta cosa podríamos desmontarla, quemarla, o en definitiva, deshacerla del modo que fuere. Esta cosa espacial y material, que se nos ofrece en los distintos aspectos y en las distintas direcciones de nuestro posible tener sensaciones, se muestra como estando ahí pero siempre sólo por un determinado lado, y de suerte que la cara o aspecto que en cada caso la cosa nos ofrece puede ir desembocando sin solución de continuidad en los demás [en las demás caras o aspectos], los cuales vienen “co-predibujados” o co-predeterminados por la forma espacial de la cosa. Esos aspectos se nos ofrecen y se nos abren siempre de nuevo cuando damos vueltas alrededor de la cosa; e igualmente son distintos cuando miramos la cosa desde arriba que cuando la percibimos desde abajo; dichos aspectos cambian asimismo según la iluminación, según nuestra distancia respecto de la cosa, y según momentos de este tipo, ligados a la posición de quien percibe.

El ser-ahí-así, el estar-ahí-así corporal de la cosa nos da la posibilidad de llegar a {89} alguna conclusión sobre el sentido del ser y del ser-real de tales objetos. [Y ese sentido es el siguiente:] Objetos, objetos así sin más, lo son propiamente las piedras o los objetos naturales de ese tipo. Pues considerando más detenidamente las cosas, la mesa es algo más; no es solamente una cosa espacial‑material, sino que, además de eso, está provista de algunos determinados predicados de valor: bien hecha, cómoda; es un cacharro, un mueble, una pieza del menaje. El ámbito entero de lo real puede dividirse, según esto, en dos reinos: las cosas naturales y las cosas de valor, y éstas últimas tienen siempre también en sí como capa básica de su ser el ser en tanto que cosas materiales [es decir, el carácter de ser también  cosas materiales en tanto que capa más básica MJR]. El ser propiamente dicho de la mesa es: el ser una cosa espacial y material.

Estas descripciones, si miramos su resultado, son aparentemente auténticas, pero sólo aparentemente. Pues puede mostrarse que en múltiples aspectos son puras construcciones y que están bajo el dominio de prejuicios casi inerradicables. Y mostrando tal cosa, se hará visible también que no se está diciendo todavía absolutamente nada cuando, como poco a poco empieza a ser moda, al ser de las cosas dotadas de valor y al ser de las cosas provistas de significado se les atribuye una igual dignidad (en su carácter de cosas) que a las cosas naturales, mientras siga predominando una fundamental falta de claridad acerca de cómo nos las topamos y acerca de cómo hay que enfocarlas para poder decir algo sobre ellas, y acerca de que la significatividad no es un carácter de contenido que se agrege a aquello en que la cosa como cosa natural consiste, sino un carácter de ser.

Las teorías sobre la realidad y sobre la “talidad” de la realidad deben ser sometidas en cuatro aspectos a una “destrucción” crítico- fenomenológica. Vamos, simplemente, a enumerarlos sin más comentarios, sobre todo porque esa crítica sólo podrá empezar a hacerse cuando obtengamos esa perspectiva positiva. Hay que mostrar (1) por qué la significatividad no es vista como tal [es decir, hay que explicar la insistente preterición del fenómeno de la significatividad MJR];(2) por qué, en cuanto en forma de las mencionadas teoretizaciones emerge algún pseudoaspecto de ella, se lo considera todavía necesitado de explicación [reductiva] y efectivamente se lo explica [y se lo reduce y hace desaparecer]; (3) por qué se lo explica [y hace desaparecer reductivamente] por vía de disolverlo en un ser-real más original: (4) por qué este ser propiamente dicho, es decir, por qué este ser más original, este ser fundante, se busca en el ser de las cosas naturales. (estar-siempre-ahí, legiformidad, no-contingencia; huida hacia las solidez y permanencia de lo conocido, es decir, hacia una solidez, consistencia y permanencia supuestamente del ente -episteme)[esto último notas sin desarrollar MJR].

 

 

{pág. 90 del original}

§ 20. Descripción del mundo cotidiano desde el estar-en-él versando sobre las cosas, o desde el andar a vueltas con las cosas estando en ello.

De los elementos que recoge la descripción que hemos empezando dando [la que el autor acaba de hacer en el parágrafo anterior MJR] no cabe encontrar absolutamente nada en nuestro concreto estar versando sobre las cosas, y si se encuentra algo de ello es en términos muy distintos. En lo que se refiere a su pura “materia”, por decirlo así, mantengamos el “mismo” ejemplo y hagamos la descripción de suerte que, primero, se vuelva visible una diversidad de fenómenos que se copertenecen, antes de estudiarlos en esa su copertenencia. Es lo que se encargará de subrayar el análisis que vendrá después [es decir, es dicha copertenencia lo que se encargará de subrayar el análisis que vendrá después].

      En la habitación está la mesa (no “una” mesa junto a muchas otras en otras habitaciones y casas), en la que uno o una se sienta para escribir, para comer, para coser, para jugar. Y ello es algo que en ella se advierte enseguida, por ejemplo, cuando hacemos una visita: se trata de una mesa de escribir, de una mesa de comedor, de una mesa de coser; es primariamente así como ella misma en sí nos topa, nos sale al encuentro. El carácter de “para algo” no es algo que empiece agregándosele a la mesa en virtud de una relación comparativa con algo distinto que ella no es [sino que pertenece a su primario toparnosla MJR].

      Su estar‑ahí en la habitación significa lo siguiente: desempeñar tal o cual papel en el uso [que se hace de ella] caracterizado en estos o aquellos términos; esto o aquello resulta en ella “no práctico”, inapropiado; lo cual no es bueno; ahora está mejor colocada que antes en la habitación, tiene mejor iluminación, por ejemplo; antes no estaba bien colocada (para...). Aquí y allá aparecen rayas, estos niños andan siempre encima de la mesa. Estas rayas no son interrupciones cualesquiera de la superficie de color, sino que: han sido los niños, que se siguen subiendo a la mesa. Este lado de la mesa no es el que da al Este, y no es x centímetros más estrecho que el otro, sino que es el lado en que por la tarde se sienta la señora cuando todavía quiere leer. En la mesa se produjo aquel día tal o cual discusión; aquí se tomó entonces aquella decisión con un amigo, se escribió aquel trabajo, se celebró aquella solemnidad familiar.

      Ésta es la mesa, así es como la mesa es ahí en la temporalidad de la cotidianidad, y como tal {91}volvemos a topárnosla quizá dentro de muchos años cuando nos la encontramos en el suelo, en tanto que desmontada ya e inutilizable, igual que otras  “cosas”, por ejemplo, un juguete ya roto por todos lados y casi irreconocible, es mi juventud. En la bodega, en un rincón, hay un par de viejos esquíes; uno de ellos está roto; lo que está ahí en la bodega no son dos cosas materiales que tengan distinta longitud, sino los esquíes de entonces, con los que hice aquella loca y destarifada carrera con fulano o con mengano. Ése libro de ahí me lo regaló X; éste de aquí me lo encuadernó tal o cual librero; éste otro tendré que acabar llevándoselo (al mismo librero); a éste le he dado ya muchas vueltas; éste de aquí no sé para qué lo compré, cuando empecé a leerlo fue una decepción; éste de aquí, a ver si por fin lo leo; esta biblioteca no es tan buena como la de A, pero mucho mejor que la de B; pero esto último no es un asunto del que uno deba ir haciendo gala; ¿qué dirían los demás si uno se expresase así?, etc., etc. Estos son los caracteres del toparnos nosotros algo, o del salirnos al encuentro algo; ahora hay que preguntarse cómo esos caracteres constituyen el ser‑ahí del mundo.

      De las dos descripciones, la primera [la realizada en § 19] la hemos calificado de descripción mal hecha, de descripción fallida, es decir, de descripción que no alcanza aquello a lo que se endereza, esto es, de una descripción fallida en lo que respecta a la tarea fundamental que está planteada, a saber: la tarea de aprehender en términos ontológico‑categoriales ese inmediato “primeramente” de lo que es‑ahí, de lo que está ahí. Ello no quiere decir que la descripción sea “falsa” en el sentido de que careciese de suelo en lo que se refiere a materia y contenido objetivo. Pues puede ser que cosas esenciales de sus resultados se muestren y acrediten como siendo objetivas ahí (en lo que respecta a un determinado ámbito de existencia) para una consideración de tipo teorético enderezada de determinada manera.

La primera descripción [la de §19] se mueve, como toda la ontología y la lógica tradicional, dentro de la incólume e intacta esfera de influencia del destino que con Parménides quedó decidido para la historia del espíritu y la de nuestra exsistencia o para las tendencias interpretativas que caracterizan a ambas: g?r aétò noeÝn ¤stán te kaÜ eänai.[i] [pues lo mismo es el pensar y el ser]: lo mismo es el “hacer algo presente” en el que ese algo se da, y el ser. (De todos modos hay que mantener libre esta frase de unas interpretaciones que resultan acríticas por sus propios fundamentos hermenéuticos, como son las que quieren ver en ese dicho de Parménides una primera plasmación de la idea básica del idealismo: {92}todo ente es lo que es en tanto que constituido en el pensamiento, en la conciencia; objeto en el sujeto). Lo aprehendido, lo captado, en un referirse a algo en el que ese algo se hace presente no es otra cosa que lo que propiamente está ahí; es decir, el ser propiamente dicho tiene como acceso (a él) que adecuadamente lo aprehende un enderezarse a él que lo capta percipientemente, que lo capta poniéndoselo delante, “pensamiento”, aprehensión teorética, ciencia, y lo así captado es “lo siempre ya ahí”, lo “siempre ya siendo” (en el sentido griego de esta expresión). (Dicho sea de paso: intencionalidad; no es casualidad que Husserl caracterice hoy todavía lo intencional como lo “noético”).

Toda la ontología que vino después viene predeterminada por ello y tiene en ello su hilo conductor. La obtención de una situación original [es decir, el abrirse paso hacia una situación anterior, MJR] presupone una crítica de este desenvolvimiento de la historia de la cultura.

 Martin Heidegger

 


 

[i]  Fragmento 5.

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