Martin Heidegger
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Introducción a “Qué es metafísica?”. El regreso al fundamento de la metafísica
Martín Heidegger
Trad. de Rafael Gutiérrez Girardot, en: Ideas y Valores (Bogotá), Nros. 3 y 4, (1952) pp. 206-220.

 Martin Heidegger

 

Descartes escribe a Picot, traductor de los “Principia Philosophiae” al francés: Ainsi toute la philosophie est comme un arbre, dont les racines sont la Metaphysique, le tronc est la Physique, et les branches que sortent de ce tronc sont toutes les autres sciences. (Opp. Ed. Ad. et Ta. IX, 14)

Nosotros preguntamos, para permanecer en la misma imagen: en qué terreno encuentran su apoyo las raíces del árbol de la filosofía? De qué suelo reciben las raíces, y a través de ellas el árbol todo de la filosofía, las fuerzas y los jugos alimenticios? Qué elemento preña, disimulado en el terreno y en el suelo, las raíces sustentadoras y nutricias del árbol? Sobre qué descansa y se mueve la metafísica ? Qué es, vista desde sus fundamentos, la metafísica? Qué es, en principio, metafísica ?

Ella piensa al ente como ente. En todas partes donde se pregunta lo que el ente sea, se halla a la vista al ente como tal. La representación metafísica debe esta vista a la luz del ser. La luz, es decir, aquello que un pensamiento tal experimenta como luz, no se halla más a la vista del pensamiento; pues él representa al ente sólo en el respecto del ente[i] . Desde este respecto pregunta el pensamiento metafísico por la fuente del ente y por un autor de la luz. Esta misma vale por suficientemente aclarada, puesto que proporciona a todo respecto la visión del ente.

Como también el ente puede ser siempre interpretado, bien como espíritu en el sentido del espiritualismo, bien como materia y fuerza en el sentido del materialismo, bien como devenir y vida, o como representación o como voluntad, o como sustancia, o como sujeto, o como energía o como eterno retorno de lo idéntico; de todas maneras, pues, aparece el ente como ente a la luz del ser. Cuando la metafísica representa al ente, siempre se ha transparentado el ser. El ser ha venido siempre como estado de no oculto[ii]. ƒAl®yeia . Oculto permanece, si y cómo trae consigo el ser tal estado de no oculto, si y cómo él mismo, y como éste, se inserta en la metafísica. El ser no es pensado en su esencia desveladora, esto es, en su verdad. Empero, la metafísica habla en sus respuestas a sus preguntas por el ente como tal, desde la inadvertida patencia del ser.[iii] Por ello puede llamarse la verdad del ser la base en la cual se apoya la metafísica como raíz del árbol de la filosofía, base de la cual se nutre.

Puesto que la metafísica pregunta al ente como ente, permanece cabe el ente y no sé vuelve al ser como ser. Como raíz del árbol, envía todos los jugos y fuerzas al tronco y a sus ramas. Las raíces se extienden en el suelo y el terreno para que, con ello, por el crecimiento del árbol, pueda éste separarse y abandonarlos. El árbol de la filosofía crece en el terreno de la raíz de la metafísica. El terreno y el suelo son el elemento por el cual la raíz del árbol es esencialmente[iv], pero al crecimiento del árbol puede recoger en sí el suelo de la raíz, porque desaparece la arboreidad en el árbol. O mejor, las raíces se pierden en los más finos hilos, en el terreno. El suelo es suelo para la raíz; en él se olvida a si misma para favorecer al árbol. La raíz pertenece al árbol, aunque por su naturaleza se entregase al elemento del suelo. Ella prodiga su elemento a sí misma y a aquél. No está vuelta como raíz al suelo; mucho menos reside su esencia en crecer y ramificarse vuelta hacia él. Es probable que el elemento no sea elemento sin que la raíz se hunda en él.

La metafísica no piensa al ser mismo en tanto en cuanto sólo se representa al ente como ente. La filosofía no se recoge en su fundamento. Lo deja en abandono, sin duda, a través de la metafísica. Pero, igualmente, no se sustrae a él.

En tanto en cuanto un pensamiento se pone en camino para experimentar el fundamento de la metafísica; en tanto en cuanto este pensamiento ensaya pensar la verdad del ser en vez de representar sólo al ente como ente; este pensamiento ha abandonado en forma cierta la metafísica. Este pensamiento vuelve, e indudablemente no visto por la metafísica, al fundamento de la metafísica. Sólo que, lo que aparece como fundamento es, probablemente, aunque experimentado desde él mismo, otra cosa no dicha de acuerdo con lo que también la ciencia de la metafísica es como otra cosa que la metafísica.

Un pensamiento que piensa la verdad del ser no se contenta, indudablemente, con la metafísica, pero no piensa tampoco contra la metafísica. Para hablar con una imagen, no arranca la raíz de la filosofía. Sólo remueve su terreno y ara su suelo. La metafísica sigue siendo lo primero de la filosofía. No llega a lo primero del pensamiento. La metafísica es superada por el pensamiento de la verdad del ser. La pretensión de la metafísica de administrar la relación con el ser y determinar de modo decisivo toda relación con el ente como tal, cae por tierra. Sin embargo, esta “superación de la metafísica” no desplaza la metafísica. Mientras el hombre sea animal rationale será animal metaphysicu. Mientras el hombre se comprenda como animal racional pertenecerá la metafísica, según las palabras de Kant, a la naturaleza del hombre. Aunque el pensamiento podría, si le fuera dable, retornar al fundamento de la metafísica, co-ocasionar una transformación de la esencia del hombre, con lo cual se llevaría a cabo una transformación de la metafísica.

Si con ello, por el desarrollo de la pregunta por la verdad del ser, se habla de una superación de la metafísica, sólo se mienta lo siguiente: pensamiento en el ser mismo. Tal pensamiento sobrepasa el existente no-pensar en el fundamento de la raíz de la filosofía. El pensamiento ensayado en “El Ser y el Tiempo” (1927) se pudo poner en el camino de una superación así entendida. Empero, lo que trae un pensamiento tal a su camino no puede ser sólo lo por-pensar mismo[v]. Que el ser mismo y cómo el ser mismo se dirige a un pensamiento, no está nunca. primera y solamente cabe el pensamiento. (Propuesto al pensamiento. Trad.). Que el ser mismo y cómo el ser mismo hiere un pensar, viene esto de la herida, para que de ese modo nazca el ser mismo, para así corresponder al ser mismo como tal.

Por qué es, pues, necesaria una superación de la metafísica así formulada? Debe ser, de este modo, reemplazada y socavada originariamente sólo aquella disciplina de la filosofía que era hasta ahora la raíz? Se trata de una transformación de la configuración teorética de la filosofía? No. O debe ser descubierto y atribuido, por el retorno al fundamento de la metafísica, un hasta ahora imprevisto presupuesto de la filosofía, de modo que hasta entonces ella no podría descansar en un fundamento inquebrantable y ser la ciencia absoluta? No.

Otra cosa está en el compromiso del advenimiento o alejamiento de la verdad del ser : ni la constitución de la filosofía, ni sólo la filosofía misma, sino la cercanía y alejamiento de aquello de lo que la filosofía como pensar representante del ser en cuanto tal, recibe su necesidad y su esencia. Es menester decidir si el ser mismo puede, desde su peculiar verdad, llevar a cabo su relación con la esencia del hombre, o si la metafísica en su alejamiento de su fundamento, impide, aún, que la relación del ser al hombre, desde la esencia de esta relación misma, traiga una luz que restituya al hombre en su pertenencia al ser.

La metafísica se ha representado en sus preguntas y respuestas por el ente en cuanto tal, antes que al ente, al ser mismo. Ella habla necesariamente del ser, y por ello lo hace a cada instante. Pero la metafísica no da al ser la palabra[vi], porque no mienta al Ser en su verdad ni a la verdad como estado de no oculto, ni a éste en su esencia. La esencia de la verdad aparece siempre a la metafísica sólo en la ya tradicional imagen de la verdad del conocimiento y en el enunciado de ésta. Estado de no oculto, empero, puede ser más originario que verdad en el sentido de no oculto. (Unverborgenheit - Warheit). ƒAl®yeia puede ser la palabra que nos dé una aún inexperimentada señal, en la impensada esencia del esse. Si así fuera, el pensamiento representativo de la metafísica no. podría alcanzar, en verdad, esta esencia de la verdad; aunque pudiera esforzarse historiográficamente por la filosofía pre-socrática; no se trata .de ningún renacimiento del pensamiento pre-socrático, tal pretensión sería frívola y paradójica, sino de atender a la revelación de la esencia, aún no expresada, del estado de no oculto, en el que el Ser se ha anunciado. Entre tanto, a la metafísica, la verdad del ser sigue disimulada en su historia, desde Anaximandro hasta Nietzsche. Por qué no piensa en ella la metafísica? Depende la omisión de tal pensamiento sólo del modo del pensamiento metafísico? O pertenece al destino esencial de la metafísica el sustraerse de su propio fundamento, porque en el salir del estado de no oculto queda sobre todo lo esencial el estado de oculto, principalmente; y, sin duda, en favor del estado de no oculto que aparece al ente?

La metafísica, no obstante, habla constantemente y en las formas más variadas del ser. Ella misma afirma y despierta la visión de que sea a través de ella preguntada y respondida la cuestión del ser. Sólo que la metafísica jamás responde a la pregunta por la verdad del ser; porque esta pregunta nunca la formula. No la formula, porque sólo piensa al ser en cuanto representa al ente como ente. Ella mienta al ente en el todo y habla del ser[vii]. Ella nombra al ser y mienta al ente como ente. La afirmación de la metafísica se mueve desde su comienzo hasta su consumación, por modo extraño, en una constante confusión del ente y el ser. Esta confusión es pensada, en verdad, como un resultado, no como un pecado. No puede tener su base, de ninguna manera, en un mero abandono del pensamiento o en una ligereza del decir. Esta constante confusión lleva al representar, al colmo de su nebulosidad cuando afirma que la metafísica pone la pregunta por el ser.

Casi parece que la metafísica, por el modo como ella piensa al ente, estuviera destinada a ser, sin saberlo, el límite que oculta al hombre la relación originaria del Ser con la esencia del hombre.

Pero qué decir, si la inadvertencia de esta relación, y el olvido de esta inadvertencia determinara, de tiempo atrás, al mundo moderno? Qué decir, si la inadvertencia del Ser entregara siempre y cada vez más el hombre al ente, de modo que el hombre casi perdiera su relación con el Ser y esta pérdida permaneciera igualmente oculta? Y si esto fuera así, y si ya lo fuera desde hace mucho tiempo? Qué decir si hay signos que indican cómo esta pérdida se quedará totalmente en la pérdida, de modo más decisivo

Sería acaso, para: un pensador, motivó de envanecimiento tal destino del Ser ? Si esto fuera así, sería motivo para qué en tal olvido del Ser se sustituyera este, temple de ánimo por otro y con deliberado ánimo de vanagloria? Si así aconteciera con el olvido del Ser, no sería suficiente motivo para que a un pensamiento que piensa al Ser lo atenace él miedo, por lo cual no sea ya posible otra cosa que retener este destino del ser en la angustia para resolver, primeramente, el pensamiento sobre el olvido del Ser ? Si esta vez, sin embargo, le fuera posible a un pensamiento lograrlo, mientras la así fatal angustia se traduzca. en un deprimido talante anímico? Qué tiene que ver el destino del ser de esta angustia con la Psicología y el Psicoanálisis?

En el caso, empero, que responde a los esfuerzos de la superación de la metafísica se debe prestar atención, en primer término, al olvido del ser, para experimentarlo y recoger esta experiencia en la relación del ser al hombre, y retenerla dentro; entonces seguiría la pregunta “Qué es metafísica”? en la miseria del olvido del ser, tal vez aún la más necesaria de todas las necesidades del pensamiento[viii].

Así, en eso, está el que el pensamiento se vuelva a su tiempo más pensante. Y ello viene si el pensamiento en vez de efectuar un más alto grado de esfuerzo, está conscientemente en su punto de procedencia. Entonces el pensamiento puesto por el ente como tal y por ello representativo y a través de ello esclarecedor, será rescatado por un pensar que acontece desde el ser mismo y que, por ello, pertenece al ser.

Las reflexiones sobre cómo llevar la representación todavía y sólo metafísica a una manera más efectiva y provechosa de la acción inmediata en la vida cuotidiana y pública, vagan en el vacío. En cuanto más pensante se hace un pensamiento, en cuanto con más conformidad consuma la relación del ser[ix] con el pensamiento, con mayor pureza está el pensamiento por sí mismo en él sólo para él propiamente adecuado obrar: en el pensamiento de lo ofrecido a su pensar y, por ello, en lo pensado.

Pero quién piensa aún lo pensado? Se hacen descubrimientos. Para llevar el pensamiento a un camino en el cual acierte en la relación de la verdad del ser con la esencia del hombre, al pensamiento se le abre un sendero en el cual piense propiamente al ser mismo en su verdad; allí está a mitad de camino el pensamiento ensayado en “El Ser y el Tiempo”. En este camino, esto es, en el servicio a la pregunta por la verdad del ser será necesario un conocimiento de la esencia del hombre; entonces la inexpresada experiencia del olvido del ser, porque la experiencias del olvido del ser está por mostrar, incluye la sospecha sustentadora de que el estado de no oculto del ser pertenece a la relación del Ser con la esencia del hombre, con el ser mismo. Empero, cómo podría llegar a ser cuestión expresada esta experimentada sospecha sin poner, con ello, previamente la determinación de la esencia del hombre en la subjetividad, pero retirando también la de animal rationale.

Para acertar al mismo tiempo y en una sola palabra en la relación del ser con la esencia del hombre, como también la relación esencial del hombre con el estar abierto del ser como tal, fue elegido para la esfera esencial en la que está el hombre como hombre, el nombre “estar-en-algo”[x]. Esto ocurrió pese a que la metafísica utiliza este nombre para lo que llama existencia, actualidad, realidad y objetividad; en el habitual modo de hablar se suele decir “existencia humana” en el sentido metafísico. Por ello se bloquea también todo pensamiento ulterior, cuando alguien se complace en establecer que en “El Ser y el Tiempo”, se emplea “conciencia” en vez de la palabra “estar-en-algo”. Como si aquí estuviera en cuestión la simple utilización de distintas palabras; como si no se tratara de lo único y exclusivo que es ponernos a pensar la relación del ser con la esencia del hombre y con ello, primeramente, traer las cuestiones dominantes a la experiencia esencial del hombre anterior al pensamiento. Ni sustituye la palabra “estar-en-algo” llamada “cosa”, el lugar de aquello que se representa con el nombre “conciencia”. Más bien se nombra con “estar-en-algo” lo que se experimenta, en primer término, como lugar, esto es, como lugar de la verdad del ser, y que debe llegar a ser pensado de modo comprensivo.

Qué se ha pensado en la palabra “estar-en-algo” de modo especial a lo largo del tratado “El Ser y el Tiempo”, lo da ya el parágrafo, en una referencia que dice: La “esencia” del estar-en-algo consiste en su existencia. (Parágrafo 9º, inc. 1. p. 42. Ed. alemana. En la ed. española. ib. p. 49 ).

Se puede pensar libremente que en el lenguaje de la metafísica la palabra “existencia” nombra lo mismo que mienta “estar-en-algo”, esto es, la realidad de toda realidad en boga, desde Dios hasta un grano de arena; entonces la frase, si se la entiende rigurosamente, desplazará la dificultad de lo que debe-pensarse (Zu-denkenden) sólo con esta palabra “estar-en-algo” a la palabra “existencia”. El nombre. “existencia” está empleado en “El Ser y el Tiempo” exclusivamente como la indicación del ser del hombre. Desde la “existencia”, pensada rectamente, es posible pensar la esencia del “estar-en-algo” en cuya patencia (Offenheit) el ser mismo. se manifiesta y oculta, se muestra y se sustrae, sin que ésta verdad del ser se agote en el “estar-en-algo” o tampoco pueda identificarse con él, según el modo de la afirmación metafísica: toda objetividad es, como tal, subjetividad.

Qué significa “existencia” en “El Ser y el Tiempo”? La palabra nombra un modo del ser, e indudablemente, el ser de aquel ente que se abre para el estar abierto del ser en el cual se halla, en el cual está ausente[xi]. Este estar ausente se experimenta bajo el nombre de cura. La esencia ek-stática del estar-en-algo es pensada aquí desde la cura, así como, por el contrario, la cura sólo puede ser suficientemente experimentada en su esencia ek-stática. Este estar ausente así experimentado es la esencia del éxtasis que aquí debe pensarse. La esencia ek-stática de la existencia es aún insuficientemente entendida si se la representa sólo como. un “estar ausente afuera”, y si se concibe el “afuera” como “camino desde” el interior de una inmanencia de la conciencia y del espíritu; entonces la existencia así entendida estaría siempre representada desde la “subjetividad” y la “sustancia” en tanto que el “afuera” hay que pensarlo como otra. cosa distinta de la apertura del ser mismo. El éxtasis de lo ek-stático descansa, tan extraño puede sonar, en un estar dentro en el “afuera” y el “aquí” (o “algo”). del estado de no oculto en el cual el ser mismo es esencialmente. Lo que debe pensarse con el nombre “existencia” cuando la palabra se usa dentro del pensar que piensa desde y para la verdad del ser, podría llamarse, más bellamente, “in-sistencia”[xii]. Sólo que debemos pensar. a la vez, el estar dentro en la apertura del ser, la determinación del estar dentro (cura) y la persistencia en lo más último (ser para la muerte), como la esencia toda de la existencia.

El ente que está en el modo de la existencia es el hombre. Sólo el hombre existe. La roca es, pero no existe. El árbol es, pero no existe. El caballo es, pero no existe. El ángel es, pero no existe. Dios es, pero no existe. La frase: “El hombre existe” no significa, de ninguna manera,: que sólo. el hombre sea un ente real, qué todos los demás entes sean irreales y sólo una apariencia. o la representación del hombre. La frase: “El hombre existe”, significa: el hombre es aquel ente cuyo ser se distingue, desde el Ser, a través del expuesto. estar. dentro, en: el estado. de no oculto del Ser. La esencia existenciaria[xiii] del hombre es el fundamento por el cual el hombre representa al ente como tal y puede tener conciencia de lo representado. Toda conciencia presupone la mentada pensada ek-stática existencia como la essentia del hombre, con lo cual essentia significa como que el hombre es esencialmente en tanto que hombre. La conciencia, por el contrario, ni crea la apertura del ente, ni procura al hombre el permanecer abierto al ente. Hacia, y de dónde; y en qué libre dimensión debe moverse entonces toda intencionalidad de la conciencia, si el hombre no tuviera. su esencia en la in-sistencia ? Qué otra cosa puede mentar, en el caso .de que se pensara seriamente la palabra “Ser” en el nombre “conciencia'“, y “autoconciencia” como conciencia existenciaria que es, en cuanto existe?[xiv].

Ser uno mismo caracteriza, no hay duda ninguna, la esencia de aquel ente que existe, pero la existencia ni consiste en ser sí mismo ni se determina por ello. Empero, puesto que el pensamiento metafísico determina desde la sustancia el ser sí mismo del hombre, o lo que en principio es lo mismo, desde el sujeto, por ello, el primer camino que lleva desde la metafísica a la esencia ek-stático-existenciaria del hombre, debe conducir a través de la determinación metafísica del ser si mismo del hombre, (“El Ser y el Tiempo”. Parágrafos 63-64: p. 358 y 364 de la ed. española).

Puesto que la pregunta por la existencia está siempre sólo al servicio de la única cuestión del pensamiento, es decir, debe desarrollarse en primer término la pregunta por la :verdad del ser; como el oculto .fundamento . de toda metafísica, por. ello, pues, el título del tratado que ensaya un retorno al fundamento de la metafísica, se llama no “Existencia y Tiempo”, tampoco “Conciencia y Tiempo”; sino “Ser y Tiempo”. Pero este, título no se puede pensar en correspondencia con lo habitualmente ordinario: Ser y devenir, ser y apariencia, ser y pensamiento, ser y deber ser. Aquí el ser es representado, sobre todo como si el “devenir”, la “apariencia”, el “deber ser” no pertenecieran al Ser, cuando notoriamente son, más que. nada (son algo) y por ello, pertenecen al ser. “Ser” en “Ser y Tiempo” no es otra cosa que, “Tiempo”, en tanto en cuanto el “tiempo” es llamado cómo el pre-nombre para la. verdad del ser cuya .verdad. es lo constitutivo. del ser, y así, del ser mismo. Por qué, pues, ahora. “Tiempo” y “Ser” ?

El recuerdo de los comienzos de la historia, en los que el ser se descubrió en el pensamiento de los griegos puede señalar que los griegos apuntaron al ser del ente como el afincamiento de lo presente, Cuando traducimos eånai ¿por ser, la traducción es en realidad correcta: Sin embargo, nosotros sólo sustituimos un texto original con otra cosa. Examinémonos y entonces resultará, al poco rato, que ni pensamos eånai al modo griego ni pensamos tampoco una ,correspondiente, clara y unívoca determinación de, “ser”. Qué decimos cuando decimos en vez de eånai “ser” y en vez de “ser” eånai y esse? No decimos nada. La palabra griega, la latina y la alemana (española) quedan en igual forma truncas. Nos traicionamos fácilmente en el uso habitual, como los guías de la más grande carencia del pensamiento qué jamás haya surgido dentro, del pensamiento, y que ha permanecido en dominio hasta el momento. Aquel eånai empero, quiere decir: presencia. La esencia de esta presencia está profundamente entrañada en el nombre originario del ser. Para nosotros, no obstante, eånai y oésÛa como par y ŽovÛa dicen, en primer término esto: en la presencia reinan impensada y ocultamente actualidad y persistencia; el tiempo es esencialmente. El ser como tal se da en el tiempo como estado de no oculto. Así, apunta el tiempo al estado de no oculto, esto es, a la verdad del ser. Pero el tiempo que ahora está por pensar no se experimenta en el transcurso cambiante del ente. El tiempo es patentemente de esencia totalmente otra, que no sólo no es pensada a través del concepto de tiempo de la metafísica, sino que jamás es para pensarlo a su través. De este modo será el tiempo el primer pre-nombre para reconocer como lo más total para la experimentada verdad del ser.

Del mismo modo que en el primer nombre metafísico del ser se anuncia una oculta esencia del tiempo, igualmente, pues, en el último: “el eterno retorno de lo idéntico”. (Hace referencia a la historia de la metafísica que va desde Anaximandro hasta Nietzsche. Trad.). La historia del ser está dominada en la época. dé la metafísica por, una impensada esencia del tiempo. Este tiempo no se halla en segundo término del espacio, pero tampoco está ordenado a él. “

Un intento de pasar, de la representación del ente como tal en         el pensamiento, a la verdad del ser, debe partir de aquella representación, representar .también la verdad del ser, de manera .que esté re                 presentar, quede necesaria y finalmente de otro modo, e inadecuado, como representar de lo por-pensar. Esto sobre la referencia de la verdad del ser a la esencia del hombre procedente de la metafísica será aprehendido como comprender[xv] . Pero el comprender . debe ser igualmente pensado desde el estado .de no oculto del ser. Es lo ek-stático, es decir, el proyecto[xvi] en el ámbito del estar dentro de lo patente. El ámbito que se entrega como abierto en la proyección para que en él algo (aquí el ser) se manifieste como algo (aquí el ser como lo mismo en su estado de no oculto) se llama sentido . (Comp. Sein un Zeit. Parágrafo 32 p. 151) “Sentido del Ser” y “verdad del Ser” dicen lo mismo.

Puesto el caso de que el tiempo pertenezca en una forma aún oculta a la verdad del ser, entonces toda proyectada patencia de la verdad del Ser debe ser vista como el posible horizonte de la comprensión del Ser. (Sein und Zeit, Parágrafos 31-34 y 68).

El prólogo a “El Ser y el Tiempo” en la primera página del tratado termina con la frase: “El desarrollo concreto de la pregunta por el sentido del término ‘ser' es la mira del siguiente tratado. La exégesis del tiempo como el horizonte posible de toda comprensión del Ser, es su meta provisional”.

Un más claro testimonio de la fuerza del olvido del ser en el que toda la filosofía está sumida, que ha llegado a ser y a constituir el destino fatal de “El Ser y el Tiempo”, puede ofrecerlo no difícilmente, el hecho de cómo la filosofía pasa de largo con sonambulesca seguridad ante la peculiar y única pregunta de “El Ser y el Tiempo”. No se trata con ello de una mala, ;comprensión de un libro, sino de nuestro abandono del ser.

La metafísica dice lo que el ente es como ente. Ella contiene un lñgow (enunciado = Aussage) sobre el ön (el ente = Seiende). El tardío título “ontología” señala su esencia, puesto el caso de que ciertamente comprendamos su peculiar contenido y no en su estrechez escolar. La metafísica se mueve en el ámbito de ön · ön. Su representar vale para el ente como ente. En tal modo la metafísica representa al ente como tal, en el todo, la entidad del ente (la oésÛadel ön). Pero la metafísica representa la entidad del ente de manera doble: Primeramente el ente como tal en el sentido de sus rasgos más generales (ön kayñlon, koinñn) ; pero, a la vez, el todo del ente como tal en el sentido del ente más alto y por ello más divino (ön kayñlon, ŽkrñÜaÜon, yeÝon). El estado de no oculto como tal se ha desarrollado en estas dos formas en la metafísica. de Aristóteles (Comp. Met r, E. K.).

La metafísica es en sí, y sin duda porque trae al ente como ente la representación doble y unívocamente de la verdad del ser en lo más general y en lo más alto. Ella es, a la vez, por su esencia ontología en el sentido más riguroso y teología. Esta esencia onto-teológica de la propia filosofía (prÅÝh filosofÛa) debe estar fundamentada en el modo como se hace patente el ön, es a saber como ön. El carácter teológico de la ontología no consiste por ello en que la metafísica griega fuera tomada y transformada más tarde a través de la teología eclesiástica del cristianismo. Consiste más bien, en el modo como ella ha engendrado en sí desde el comienzo al ente como ente. Este estado de no oculto del ente dio la posibilidad para que la teología cristiana poseyese la filosofía griega, bien para su fruto, bien para su perjuicio, esto pueden establecerlo los teólogos por su experiencia de lo cristiano reflexionando para ello en lo que está escrito en la Primera epístola del Apóstol Pablo a los Corintios: oéxÜ ¤mÇ ranen õ yeow å®n sofÛan åoè kosmon. No ha hecho Dios locura la sabiduría de este mundo? (I Cor. 1.20). Empero la sofÛa åoè kosmon es lo que según 1.22 los …Ellhnew eh Ýoèsin, lo que los griegos buscan. Aristóteles llama la prÅÝh filosofÛa (la propia filosofía) aún taxativamente la whÞum¡nh, la buscada. Se resuelve la teología cristiana, aún una vez a tomar en serio con las palabras del Apóstol y de acuerdo a ellas, a la filosofía como una locura ?

La metafísica es como verdad del ente como tal, bifásica. Pero el fundamento de esta duplicidad de faz y también de su origen quedan cerrados para la metafísica y no, sin duda, casualmente o en virtud de una omisión. La metafísica toma esta duplicidad de faz porque ella. es lo que ella es: el representar el ente como ente. A la metafísica no le queda ninguna elección. Como metafísica está descartada de la experiencia del ser a través de su propia esencia; pues ella se representa al ente (ön) sólo en lo que como ente (· ön) se le ha mostrado ya desde ésta. La metafísica jamás pone atención en lo que precisamente este ön, en cuanto ha llegado a estar no oculto, también ya se ha hecho oculto.

De tal manera podría ser necesario que a su tiempo se meditara de nuevo lo que propiamente se diga con el ön, con la palabra “ente”. Por ello se trajo otra vez al pensamiento la pregunta por el ön (Comp. Sein u. Zeit. Prólogo). Sólo que esta repetición no habló de la mera cuestión platónico-aristotélica, sino buscó más atrás, lo que se oculta en el ön.

En este ocultamiento en el ön está fundada la metafísica, aunque por otra parte dedica su representar al ön · ön. La pregunta que vuelve sobre este ocultamiento busca, por. lo tanto, vista desde la metafísica; el fundamento para la ontología. Por esto, este proceder se llama en “El Ser y el Tiempo” (p. 16, ed. española ) “ontología fundamental”. Sólo que el título se muestra, como siempre, como todo título en este caso, precario. Pensado desde la metafísica lo dice correctamente; aunque justamente por eso, conduce a errar; entonces vale para ganar el tránsito de la metafísica al pensamiento en la verdad del ser: En tanto este pensamiento se designe a sí mismo como ontología fundamental, se pone con esta designación a ocultar el propio camino. En el título “ontología fundamental” está la opinión de que el pensamiento que ensaya pensar la verdad del ser, y no como toda ontología la verdad del ente, sea como ontología fundamental una forma de ontología. Con todo esto el pensamiento en la verdad del ser como el retorno al fundamento de la metafísica ha abandonado ya con este primer paso el reino de toda la ontología. Frente a ello toda filosofía que se mueve en el mediato o inmediato representar de la “trascendencia” queda necesariamente como ontología en sentido esencial, sea que. consiga una fundamentación de la ontología, sea, que rechace la ontología . por la acusación del entumecimiento conceptual de la vivencia (Erlebnis = lo que se ha vivido).

Bien es verdad que el pensamiento que ensaya pensar la verdad del ser y sin duda que sale del prolongado hábito de representar al ente como tal, se ata a este representar, y entonces, tal vez, nada sea más necesario, tanto para una primera reflexión como para una ocasión al tránsito del pensamiento representativo al pensamiento pensante, como. la pregunta: Qué es metafísica

El desarrollo de esta pregunta a través de la siguiente prelección concluye por su parte en una pregunta. Se llama el problema fundamental de la metafísica y dice: Por qué hay ente y no. más bien nada? Se ha hablado mucho, con todo, sobre la angustia y la nada, de lo que en la prelección se trata aquí y allá: Empero, aún jamás se ha decidido meditar por qué una prelección que ensaya el pensamiento en la verdad del ser desde y en la nada, y de aquí en la esencia de la metafísica, se tome la dicha pregunta como la pretensión de la cuestión fundamental de, la metafísica. No acude a flor de labio a un. oyente atento ni una verdadera consideración de que, debe ser más  importante que todo ahínco contra la angustia y la nada? Nosotros nos venos situados a través de esta cuestión ante la consideración de que una reflexión que intente pensar el ser por el camino de la nada, vuelve de nuevo al final a la pregunta por el ente. En tanto esta cuestión se pregunte. causalmente según el. modo procedente de los manuales de metafísica, a través del ¿por qué ?, el pensamiento en la verdad del Ser, será negado totalmente en beneficio del conocimiento representativo del: ente por el ente. Para mayor profusión está la. pregunta final, la pregunta que el metafísico Leibniz ha propuesto en sus “Principes de la nature et de la gracé”: pourquoi il y a plutôt quelque chose .que rien ? (.Opp. ed. Gerh. Tom. VI, 602, n. 7).

Sería posible, pues, que por la dificultad del tránsito de la metafísica a otro pensar la prelección retornara a su propio tener previo?[xvii] . Se pregunta, en fin, con Leibniz la pregunta metafísica por las más altas causas de todas las cosas ónticas? Por qué no se menciona el nombre de Leibniz, como corresponde?

O será formulada la cuestión en un sentido totalmente otro? Si ella no apunta al ente, y reconoce para esto la primera causa óntica, entonces la pregunta debe dirigirse a lo que el ente no es. Tal lo llama la pregunta y escribe mayúsculamente: La nada, el único tema que ha meditado la prelección. Cerca está la demanda de que el fin de esta prelección está para pensar una vez y propiamente, en general, en el alcance visual fundamental. Aquella que se llama pregunta básica de la. metafísica debería consumarse ontológico-fundamentalmente como la pregunta por el fundamento de la metafísica y como la pregunta por este fundamento.

Cómo debemos, entonces, entender si llegamos a ver que la lección, después de todo, piensa en su propio rigor la pregunta

Ella dice: por qué hay, en general, ente y no más bien nada? Aquí puede también, supuesto el caso de que nosotros no sólo pensemos dentro de la metafísica en el habitual modo metafísico, sino desde la esencia y la verdad de la metafísica en la verdad del ser-ser formulada esta pregunta: De dónde viene el que, en general, el ente tenga preeminencia y pretenda para sí todo “es” mientras que lo que no es un ente, la nada entendida como el ser mismo, queda olvidado? De dónde viene el que nada es, propiamente, con el ser, y la nada; en propiedad, no es esencialmente? Viene de aquí, acaso, la visión inquebrantable de la metafísica de que el “ser” se entiende a sí mismo y que por tanto, la nada se hace más fácil que el ente? Se trata, así, de hecho acerca del Ser y la Nada. Si fuera de otra manera, entonces Leibniz no podría decir discutiendo en el citado lugar: Car le rien est plus simple et plus facil que quelque chose.

Qué queda de más enigmático, esto de que el ente es, o esto de que el ser es? O tampoco llegamos aún por esta reflexión a la vecindad del enigma que ha emergido con el ser del ente?.

Como siempre es posible dar la respuesta, el tiempo debería, entre tanto, ser más maduro para pensar una vez desde su fin, desde su propio final, no desde uno imaginado, la tan combatida prelección : Qué es metafísica? 

  Martin Heidegger

 

Nota: El texto está dedicado a Hans Carossa., en su setentavo aniversario.

Trad. Rafael Gutiérrez Girardot.
Madrid, julio de 1951 - enero de 1952.

 



[i] Hinsicht.=Respecto. Tiene valor de sustantivo, respecto. Lo traducimos dándole el sentido que a esta palabra da el maestro Xavier Zubiri Las cosas están ante el hombre en un cierto respecto. Así, v. gr., el respecto de la luz es la visibilidad. El respecto del ente seria, pues, la luz del ser.

[ii] Unverborgenkeit. Se da la trad. de J. Gaos. Págs. 35 y 250. Estado de no oculto.

[iii] Offenbarkeit. Trad. de Zubiri, en la ed. cit. p. 31, passim, Patencia.

[iv] West. De Wessen, esencia, que Heidegger utiliza como verbo. Según Wagner: ser esencialmente. Pág. 4.

[v] Zu-denkenden. Lo que se debe pensar o está por pensar. Lo por pensar.

[vi] Bring zur Sprache. Dar la palabra. Trad. de Wagner, p. 1. En la Carta sobre el humanismo tiene: zur Sprache kommt. Sobre el sentido que estas palabras tienen, véase. Wagner. Trad. cit. p. 1, paasf. García Bacca. Trad. cit. vocabulario. p. 165.

[vii] Seiende im Ganzen. Ente en el todo. García Bacca, vocabulario. p. .149. Es un modo, no una nueva realidad. Ente , en el todo, como la gota de agua en el mar. La gota no pierde su individualidad. Véase en G. Bacca la palabra Mundo.

[viii] Not. Notwendigste. Notwendigen. Heidegger que juega siempre con las palabras y raíces, hace aquí un juego sencillo. Not, es miseria, o necesidad, a indigencia. Notwendigen es lo que se necesita, lo que ea preciso, lo que es necesario que ocurra.

[ix] Sobre esto véase la Carta sobre el humanismo, pág 1, ss.

[x] Estar abierto o Patentizar. Offenheit, traducido por apertura. Como sé refiere al Da del Dasein; nosotros nos atrevemos a ensayar el estar abierto, para que juegue con la traducción de “estar-en-algo” que es la que de Dasein da Zubiri. El Da es el “aquí” el “algo” en lo que se está.

[xi] Ausstehen. Faltar. Más adelante lo hace Heidegger concordar con otras palabras. Por eso hemos traducido por ausentarse o estar ausente. Reproducimos una cita de S. u. Z. que pueden aclarar el sentido: “Lo que falta (lo que está ausente) mienta lo que sin duda pertenece a un ente, pero le falta aún. El faltar, en este sentido se funda en un pertenecer”. Parágrafo 48.

[xii] In-sistencia. Instandigkait. Con Standigkeit. derivado de stehen, igual permanecer, se forma Abstandigkeit; igual distanciación. El Ab es. dice Heidegger, “la total ausencia de fundamento. El fundamento es el terreno para un enraizamiento y permanencia” Holzwege p. 248. V. Klostermann. Frankfurt, 1950. La palabra in-sisteneia, Instandigkeit de Innsthen, estar dentro, hace juego con la palabra Hinaussteben, estar ausente fuera. Dado el sentido que da Heidegger a estas palabras, nos parece que la palabra in-sistencia, podría dar la idea .expresada en el., texto. Se compone del latín: in,. en, dentro, y sistere, igual mantenerse, persistir.

[xiii] Existentiel. Existenciario.

[xiv] En alemán, sein es sufijo. de Bew wastsein..y. Belbest bew westsein. De ahí la pregunta de Heidegger.

[xv] Veratehen. Comprender. Con esta palabra Heidegger sigue haciendo el juego de raíces: Recuérdese: Ausatehen, Instandigkeit Dice en S. u. Z.: “El comprender es siempre afectivo. Si nuestra exégesis hace de él un existenciario fundamental. con ello indicamos que concebimos el fenómeno como un modo fundamental de ser del “estar-en-algo”... En el comprender reside existenciariamente la forma de ser del “estar-en-algo” como “poder-ser”. Parágrafo 31.

[xvi] Geworfone. Yecto según Gaos. Con el verbo werfen se forma. Entwurf. Werfen es: arrojar. Entwurf ha sido traducido corno proyecto. De donde werfen, igual yectar.

[xvii] Vorhaben. Tener previo. Gaos. Heidegger en S. u. Z. Parágrafo 32. dice: La interpretación cotidiana “se funda en un ‘tener previo’... La interpretación se funda en todos los casos en ün ‘ver previo’ que ‘recorta’ lo tomado en el ‘tener previo’ de acuerdo con una determinada posibilidad... Lo contenido tenido en el ‘tener previo’ y visto en el “ver previo” se vuelve, por la interpretación concebible”.

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