|
Martin
Heidegger Textos Fotos Comentarios Bibliografía Cronología Links |
|
|
LA CONEXIÓN INTERNA DE LAS POSICIONES FUNDAMENTALES DE DESCARTES Y DE NIETZSCHE
Para llegar a destacar rectamente este mismo, es conveniente ahora destacar también la posición metafísica de Nietzsche respecto de la de Descartes de acuerdo con los cuatro respectos que nos han guiado. 1) Para Descartes el hombre es sujeto en el sentido de la yoidad que representa. Para Nietzsche, el hombre es sujeto en el sentido de las pulsiones y los afectos que subyacen como «factum último», es decir, resumiendo, del cuerpo. Toda interpretación del mundo se lleva a cabo retrocediendo al cuerpo como hilo conductor metafísico 2) Para Descartes, la entidad del ente es equivalente a la representatividad por y para el yo-sujeto. Para Nietzsche, el «ser» es también representatividad, pero el «ser», entendido como consistencia, no basta para aprehender lo que propiamente «es», es decir lo que deviene en la realidad de su devenir. El «ser», en cuanto es lo fijo y rígido, es sólo una apariencia del devenir, pero una apariencia necesaria. El carácter de ser propio de lo real en cuanto devenir es la voluntad de poder. En qué medida la interpretación nietzscheana del ente en su totalidad como voluntad de poder tiene sus raíces en la antes nombrada subjetividad de las pulsiones y afectos y al mismo tiempo, está esencialmente codeterminada por el proyecto de la entidad como re-presentatividad, requiere aún una demostración especial y explícita. 3) Para Descartes, verdad significa la segura re-misión de lo representado en el interior del re-presentar que se representa; la verdad es certeza. Para Nietzsche, la verdad se equipara al tener-por-verdadero. Lo verdadero se determina desde lo que el hombre sostiene respecto del ente y desde lo que él tiene por ente. Ser es consistencia, fijeza. Tener-por-verdadero es fijar lo que deviene, fijación con la que se asegura al respectivo viviente algo consistente en sí mismo y en su entorno, en virtud de lo cual puede estar seguro de su existencia consistente y de su conservación y, por lo tanto, puede tener el poder de acrecentar el poder. La verdad, en cuanto fijar. Es para Nietzsche la apariencia requerida por el viviente, es decir por el centro de poder «cuerpo» en cuanto «sujeto». 4) Para Descartes, el hombre es la medida de todo ente en el sentido en que se arroga la eliminación de los límites del representar para conducirlo a la certeza que se asegura a sí misma. Para Nietzsche, no sólo lo re-presentado en cuanto tal es un producto del hombre; toda conformación y configuración de cualquier tipo es producto y propiedad del hombre en cuanto señor incondicionado de todo tipo de perspectiva en la que se configura el mundo y se le da poder como incondicionada voluntad de poder. Por eso, en la obra Genealogía de la moral, agregada a Más allá del bien y del mal «para completarla y aclararla» (al año siguiente, 1887), Nietzsche dice lo siguiente, en el tercer tratado, n. 12:
«“Objetividad”, esta última entendida no como “intuición desinteresada” (como lo cual sería un absurdo y un contrasentido), sino como la facultad de tener en su poder el pro y el contra y de conectarlos y desconectarlos: de manera tal que se sepa hacer útil para el conocimiento precisamente la diversidad de las perspectivas y de las interpretaciones de los afectos». «Sólo hay un ver perspectivista, sólo un “conocer” perspectivista; y cuanto más afectos dejemos llegar a la palabra respecto de una cosa, cuanto más ojos, ojos diferentes, sepamos implantarnos para la misma cosa, tanto más completo será nuestro “concepto” de esa cosa, nuestra “objetividad”.»
Cuanto más fácil sea poner en juego ya aquel afecto, ya éste, tanto más podrá verse en cada caso de acuerdo con la necesidad y la utilidad, tanto más podrá preverse y calcular y por lo tanto planificar. Respecto de la especial acentuación que se ha hecho de la transformación por la que al comienzo de la metafísica moderna el hombre se ha convertido en «sujeto» y en referencia al papel que recae entonces sobre la subjetividad en la metafísica moderna, podría surgir la opinión de que la historia más interna de la metafísica y de la transformación de sus posiciones fundamentales sería simplemente una historia de la transformación de la autoconcepción del hombre. Tal opinión estaría en completa concordancia con el modo de pensar antropológico hoy corriente. Sin embargo, y a pesar de que parece sugerida e impulsada por lo que se ha expuesto hasta ahora, es una opinión errónea, más aún, es aquel error que se trata de superar. Por eso, en este lugar, después de recapitular las comparaciones entre Protágoras y Descartes por un lado, y entre Descartes y Nietzsche por otro, hay que hacer referencia de manera anticipada al fundamento esencial de la historicidad de la historia de la metafísica, en cuanto historicidad de una historia de la verdad del ser. Esta referencia permitirá, al mismo tiempo, aclarar una distinción de la que ya se ha hecho uso en varias ocasiones: la distinción entre la subjetividad condicionada y la subjetividad incondicionada. Esta distinción es requerida, además, por la proposición que ha sido formulada más bien sólo como una afirmación: la metafísica de Nietzsche es, en cuanto acabamiento de la metafísica moderna, al mismo tiempo, el acabamiento de la metafísica occidental en general, y con ello -en un sentido rectamente entendido- el final de la metafísica en cuanto tal. A:
21. La determinación de la esencia del hombre y la esencia de la verdad
|
Sitio creado y actualizado por Horacio Potel