Martin Heidegger
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EL NIHILISMO EUROPEO
Martin Heidegger

Traducción de Juan Luis Vermal, en HEIDEGGER, M., Nietzsche II, Ediciones Destino, Barcelona, 2000.

 

EL NIHILISMO Y EL HOMBRE DE LA HISTORIA OCCIDENTAL

Nietzsche en 1861¿Qué quiere decir la proposición final de la sección A?

1) Que con las categorías «fin», «unidad» y «ser» hemos introducido en el «mundo» (es decir en el ente en su totalidad) un valor.

2) Que estas categorías introducidas en el mundo han sido «nuevamente retiradas por nosotros».

3) Que después de esta retirada de las categorías, es decir de los valores, el mundo aparece «ahora» carente de valor.

El estado designado con ese «ahora» no es pensado de ninguna manera como definitivo. El «ahora» no quiere decir que a partir de este momento habrá que conformarse con esa carencia de valor y con este aparecer del mundo como carente de valor. Es cierto que el título del fragmento reza simplemente «Caducidad de los valores cosmológicos» y la primera determinación esencial del nihilismo es: «Desvalorización de los valores supremos». Sin embargo, de la proposición final que estamos comentando no sólo se desprende que la desvalorización de los valores supremos válidos hasta el momento no significa el final; en esa proposición habla el lenguaje de una actitud diferente. Se habla de introducir valores en y de retirar valores del todo del ente, todo que de cierto modo tiene consistencia en sí mismo y admite que se introduzcan y retiren valores. Los valores no caducan sólo por sí mismos, nosotros volvemos a retirarlos del mundo en el que previamente los habíamos introducido. Somos activos en la posición y en la destitución de los valores, participamos como actores. ¿Quienes son «nosotros»?

¿Qué sucede aquí? El nihilismo no es, evidentemente, una mera decadencia furtiva de valores que estuvieran en sí en alguna parte. Es una destitución de valores realizada por nosotros, que disponemos sobre su posición. Pero con «nosotros» Nietzsche se refiere al hombre de la historia occidental. No quiere decir que los mismos hombres que introducen los valores los vuelvan a retirar, sino que los que los ponen y los que los retiran son los hombres que pertenecen a una y la misma historia, la historia occidental. Nosotros mismos, los hombres de hoy de su época, formamos parte de los que vuelven a retirar aquellos valores que en un tiempo habían sido introducidos. La destitución de los valores supremos válidos hasta el momento no surge de una mera manía de destrucción ciega y de vana innovación. Surge de un estado de necesidad [Not] y de la necesidad [Notwendigkeit] de dar al mundo el sentido que no lo degrade a un mero pasaje hacia un más allá. Debe originarse un mundo que haga posible un hombre que despliegue su esencia a partir de su propia plenitud de valor. Pero para ello se precisa una transición, la travesía de una situación en la que el mundo aparezca carente de sentido y sin embargo reclame, al mismo tiempo, un valor nuevo. La travesía de este estadio intermedio tiene que llegar a comprenderlo como tal con la mayor consciencia posible: para ello es necesario reconocer la proveniencia de ese estadio intermedio y sacar a la luz la causa primera del nihilismo. Sólo desde esta consciencia del estadio intermedio surge la decisiva voluntad de superarlo.

La exposición de Nietzsche, que comenzó como una enumeración de las condiciones de surgimiento del nihilismo y como una mera descripción de su desarrollo, suena de pronto como la enunciación de lo que nosotros realizamos, más aún, de lo que tenemos que realizar. En todo esto, no se trata de una toma de conocimiento historiográfico de sucesos pasados y de sus repercusiones en el presente. Lo que está en juego es algo que está por delante, algo que todavía está en curso, decisiones y tareas. Su carácter general es interpretado como introducción y retirada de valores en el mundo y del mundo.

Hay nihilismo y nihilismo. Nihilismo no sólo es el proceso de desvalorización de los valores supremos, ni tampoco solamente la retirada de esos valores. Ya introducir esos valores en el mundo es nihilismo. La desvalorización de los valores no termina con una progresiva pérdida de valor de los valores, al modo de un arroyuelo que se pierde en la arena, el nihilismo llega a su acabamiento en la retirada de los valores, en su eliminación activa. Nietzsche quiere hacernos patente esta riqueza esencial interna del nihilismo. Por ello la sección B tiene que despertar en nosotros una actitud decidida.

Si recorremos ahora otra vez la sección A con una mirada más aguda, también podremos reconocer cómo las tres condiciones de surgimiento del nihilismo, que aparentemente sólo eran objeto de una enumeración, se introducen en cada caso de modo diferente. En el primer párrafo Nietzsche dice, con carácter de principio: el nihilismo, en cuanto estado psicológico «tendrá que sobrevenir» Aquí se nombra de antemano la condición básica de la posibilidad del nihilismo: la condición de que se ponga en general algo así como un «sentido» como aquello que se busca.

En el segundo párrafo se dice: el nihilismo, en cuanto estado psicológico, «sobreviene». Aquí se nombra la condición decisiva que introduce el efectivo tambalearse de los valores supremos y que lo domina poniendo como sentido una totalidad abarcadora y englobante, una «unidad» que actúa a través del hombre y que fija y asegura el ser-hombre en el ente.

En el tercer párrafo se dice: «El nihilismo en cuanto estado psicológico tiene aún una tercera y última forma». Aquí se mira hacia adelante hacia algo por venir, sólo en lo cual el nihilismo encontrará su esencia plena. Se trata de la posición de un mundo en sí verdadero, del más allá, como fin y modelo del mundo aparente, del mundo de aquí.

En el primer párrafo se nombra la condición básica de posibilidad del nihilismo, en el segundo su efectivo comienzo, en el tercero su necesario acabamiento esencial. Sólo así la historia del nihilismo llega a «exponerse» en su conjunto en cuanto historia en sus rasgos esenciales.

No podemos ahora seguir postergando la ya rozada pregunta acerca de si y de qué modo a esta historia esencial del nihilismo le corresponde la realidad histórica que se suele constatar de manera historiográfica. Inmediatamente, Nietzsche no dice nada al respecto, así como tampoco caracteriza de modo explícito su exposición como historia esencial del nihilismo. Sin embargo, hay indicios de que tiene en vista la historia «real», sobre todo cuando comenta la tercera forma del nihilismo.

Con la posición del «mundo verdadero» frente al mundo del devenir como un mundo sólo aparente, Nietzsche alude a la metafísica de Platón y detrás de ella, a toda la metafísica posterior, a la que Nietzsche entiende como «platonismo». A éste lo comprende como una «doctrina de los dos mundos»: por encima de este mundo mutable y accesible a los sentidos está el mundo del más allá, suprasensible, inmutable. Éste es el mundo que permanece consistente, el mundo que «es» y por lo tanto el mundo verdadero; aquél, el mundo aparente. A esto corresponde la equiparación de «verdad» y «ser». En la medida en que el cristianismo enseña que este mundo, como valle de lágrimas, sólo es un tránsito temporal hacia la bienaventuranza eterna del más allá, Nietzsche puede concebir al cristianismo en su conjunto como platonismo (doctrina de los dos mundos) para el pueblo.

Si con la tercera forma de las condiciones relativas al surgimiento y a la esencia del nihilismo se alude históricamente a la filosofía de Platón, respecto de la segunda y de la primera tenemos que buscar la figura histórica correspondiente en la filosofía preplatónica. En efecto, podemos encontrar la postulación de una «unidad» para el ente en su totalidad en la doctrina de Parménides: §n ön. Para la primera forma de las condiciones de surgimiento no es posible, en cambio, encontrar un testimonio histórico explícito ya por el hecho de que tiene el carácter de condición fundamental de posibilidad del nihilismo y, por lo tanto, domina a través de toda su historia. Pero dado que esto, en el fondo, es válido respecto de las tres condiciones y éstas, si bien con las correspondientes transformaciones, se hacen valer en toda posición metafísica fundamental, el intento de mostrar una correspondencia de tipo historiográfico con las tres condiciones citadas carece del significado que se le podría haber exigido en un primer momento, especialmente si tenemos en cuenta que la sección A no es más que el preludio de B.

Martin Heidegger

A: 8. La nueva posición de valores

 

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